Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Torrejon

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EL “15”
Crónica de la Parroquia

Juan de Thoury, presbítero smm

7- Son muchas las áreas que una parroquia cubre: niños, adultos, pobres, asistencia, espiritualidad, escucha... Nuestra parroquia no es, ni ha sido una excepción. Podemos afirmar que es una parroquia viva porque ha querido serlo desde sus orígenes. Viva pues intenta dar respuesta a las necesidades que desde las gentes surgen y no pretendiendo sólo cubrir el expediente de actividades religiosas sino con la exigencia que la transformación de la realidad demanda.

 

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La Iglesia ha recibido de Jesús el don del Evangelio para anunciar el Evangelio al mundo. Es su Misión. Cada una de las personas que la componemos, participamos de esta misma Misión. Esto mismo significa nuestro Bautismo
No puede haber un organismo de la Iglesia, y por lo tanto ninguna parroquia que no sea misionera. Es la prioridad que da sentido a todo lo que emprendemos en ella. Y es la convicción del equipo de los presbíteros en la parroquia, P. Miguel desde el año 73, PP. Juan, Andrés y Luis en los años 80 -reforzados por su pertenencia a la congregación misionera de los monfortianos. Como decía San Pablo: el Señor me ha enviado antes a evangelizar que a bautizar, y ¡ay de mi si no evangelizo!...
Y resulta que vivimos en una sociedad de bautizados en su gran mayoría, pero que se podría repartir en un grupo (¿más o menos 20%?) de no-creyentes (agnósticos y prácticamente ateos), otro grupo (¿60?) de creyentes nada o poco practicantes, que viven su vida alejada de la referencia a la fe de la Iglesia, aunque con un remanente religioso abajo.
Piden bautizar a sus hijos y les mandan a catequesis “para que hagan la comunión"; el otro grupo (¿más o menos 20 % ?) representaría por una parte unas personas con religiosidad popular que les hace mantener tradiciones, costumbres y practicas cristianas, unas que van a misa algunos/as que se quedan pasivos, mucha gente sencilla de buena voluntad; por otra parte, las personas que tienen una fe más personalizada, entre las que se encuentra el núcleo de colaboradores activos en la pastoral.
Sumando nos encontramos con que el 80% de los adultos bautizados necesitan una iniciación evangelizadora en la fe; y buena parte del 20% restante necesita una "reiniciación", una relectura o actualización de su fe, en definitiva una Catequesis de Adultos.
Esta convicción nuestra de que la catequesis para adultos es prioritaria en la Iglesia se vio confirmada en 1.979 por la Carta del papa Juan Pablo 1I sobre a catequesis: “La catequesis de adultos es la forma principal de catequesis, porque está dirigida a personas que tienen mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada”. En 1980, la primera Asamblea diocesana de Catequistas, de Madrid, reafirma con fuerza que "la Catequesis de Adultos ha de ser prioritaria". Y ya vimos

en el anterior boletín como el Congreso nacional de Catequistas, en 1985, la volvió a promover. En 1982, una catequista de nuestra parroquia participó durante el verano en una sesión en la cual se dio a conocer el material que se estaba elaborando en San Sebastián, de una catequesis de adultos de estilo catecumenal. Se expuso a un grupo de catequistas de infancia, y en octubre se puso en marcha un primer Catecumenado de Adultos. Previsto de tres años de duración, duró cinco. De este camino valoramos: cómo nos ayudó a descubrir a Cristo dentro de nuestra propia experiencia humana; cómo toma la Bienaventuranzas como núcleo del anuncio de la Buena Noticia; cómo utiliza la Biblia como relato de una experiencia creyente en la historia de un pueblo; cómo nos impulsó hacia un compromiso de cristianos testigos del Evangelio en una Iglesia realmente Pueblo de Dios.
A partir de 1987, en dos ocasiones, seis personas del Catecumenado participaron en sesiones de la Vicaría (Delegación de catequesis) para madurar en la conciencia de adultos. ((Esto hoy parece “normal”... pero todavía por aquellos años la catequesis sólo sonaba a niños de primera comunión, y pocos catequistas se atrevían a "dar el salto' a los adultos (¿ya los jóvenes, qué?.. paciencia, que todo se andará).
Una catequista de este grupo sugiere la idea de proponer a los padres que vienen por primera vez a apuntar a sus hijos a catequesis algo distinto a la clásica "reunión de padres' : ofrecer algo semanal, sencillo, en pequeños grupos, para poder reflexionar sobre temas de fe, muchas veces olvidados, y poder así ayudar mejor a sus hijos. Se propone en septiembre y se apuntan 30 (más bien mamás). Se reparten en seis grupos, cada uno con una mamá catequista. Perseveraron 25, de las que unas 15 quisieron seguir un segundo año. Al año siguiente se volvieron a apuntar otros 30.
Al terminar el segundo año, propusimos a unas cuantas empezar un recorrido más largo, y se formaron 2 grupos catecumenales. Mientras tanto había empezado otro en el barrio del Castillo, impulsado por el P. Andrés. De tal manera que en el curso 1.990-91, se reunían 6 grupos de catequesis de adultos y 3 de catecumenado,
Los objetivos de la catequesis de adultos fueron definidos así por sus catequistas-promotoras: "Formar un pequeño grupo atento a la vida de sus componentes; a través de la acogida y atención fraterna, dar otra visión de la iglesia; también a través de la relación fraterna entre catequistas y sacerdotes; "desbloquear" lo que se ha acumulado de prejuicios sobre la iglesia, los curas, los sacramentos, la fe, la idea de Dios; lograr expresarse sobre todo ello con naturalidad y libertad; llegar a tomar conciencia de la necesaria conversión a la Persona de Cristo, y empezar a sentirse miembro activo de la Iglesia:

Para conseguirlo se decidió dar mucha importancia a la calidad de la acogida y a la formación del grupo; a la experiencia y la vida de la gente; a ir a lo esencial de la Tradición de la fe, ayudando a distinguirla de las "tradiciones" o costumbres que tantas veces obstaculizan la vida al estilo de Cristo.

Juan, presbítero. ( continuará...)