Comentarios de Evangelio

26 de mayo de 2019
VI Domingo de Pascua de Resurrección

(Hch 15,1-2.22-29 ; Apo 21, 10-14. 22-23 ; Jn 14,23-29)

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

26 de mayo

Señor, queremos que vengas a vivir con nosotros,
pero primero tenemos que aprender a ser
dóciles a tu palabra.
Te pedimos perdón par tantas veces
que no hacemos casa de la que nos dices,
pese a que nos la hayas anticipado.
Enséñanos a amarte,
infunde en nosotros el deseo de cumplir tu voluntad.
Reconocemos que olvidamos con facilidad tus enseñanzas
y que nuestra inteligencia no siempre llega a entenderlas.

 

Envíanos tu Espíritu Santo,
el Defensor que nos recuerde tu mensaje
y abra nuestro entendimiento.
Pero sobre todo que encienda el fuego de tu amor,
la llama que nos purifique de nuestro egoísmo.
Así podremos recibir tu paz, la paz que nos inunda
cuando nos ponemos a servir a los demás
y que serena el corazón herido.
Gracias Señor por no dejarnos solos
y enviarnos tu Espíritu,
el auxilio para nuestra debilidad.

http://www.cipecar.org/es/

Lectura orante del Evangelio: 14,23-29

“¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, desciende sobre mí para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo! Que yo sea para Él una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio” (Santa Isabel de la Trinidad)

José Antonio Nieto (España)

El que me ama guardará mi palabra’.
En la Pascua ponemos los ojos en María, la mujer en la que ha resucitado el Amor. Ella nos enseña a guardar en el corazón la Palabra de Jesús. Guardar la Palabra, amar Jesús y dejarnos guiar por el Espíritu es lo mismo. Cada mañana abrimos el oído para escuchar a Jesús: palabra de amor del Padre que no se agota nunca. Es lo primero que hacemos: llenarnos de vida, permitir que el amor de Jesús se siembre en nuestro surco y, así, caminar con la Palabra dentro. 
Espíritu Santo, guarda la Palabra en nuestra interioridad.  

‘Y mi Padre lo amará’.
María es la mujer que se sabe mirada por el Padre; en ese encuentro amoroso está su dignidad. Con María aprendemos a orar, que es dejarnos mirar por la ternura entrañable del Padre. Nuestra vida, tan zarandeada y tan frágil, encuentra asiento en la relación de amor que el Padre mantiene con nosotros. El Espíritu Santo nos quita el miedo a amar y a ser amados. Espíritu Santo, enciende en nosotros la llama del Amor.  

‘Y vendremos a él y haremos morada en él’.
María experimenta la compañía amorosa de la Trinidad; su vida es un espacio habitado por el Misterio; vive a Dios dentro. Los Tres: presencia que vence toda ausencia, inhabitación que rompe lejanías, relación mutua. La Trinidad es la respuesta a la soledad que pesa sobre todo ser humano. Los Tres cercanos, sin irse nunca de nosotros, esperando el encuentro. Pase lo que pase, ellos están siempre. La revolución más apasionante es la que ocurre en el corazón humano habitado por la Trinidad. 
Amarte, oh santa Trinidad. ¡Qué gran suerte!  

El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo’.

Acoger a María es acoger al Espíritu Santo, el que enseña todo acerca de Jesús y mantiene vivo su recuerdo en la humanidad. El Espíritu es la memoria viva de Jesús, completa lo que Jesús comenzó. El Espíritu está en los que siguen y aman a Jesús; siembra claridades en la noche, canta canciones nuevas cuando todo parece terminar; ora en nosotros, nos hace testigos de misericordia, abre espacios a la nueva humanidad. El Espíritu anima para siempre nuestra vida. 

Espíritu Santo eres único, irrepetible, sabiduría, amor.

‘Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde’.

Jesús se despide con el don de la paz. Puede más su fidelidad que nuestras dudas, tensiones, zozobras, miedos. Podremos vivir aquí lo que él vivió porque el Espíritu caminará con nosotros. Es hora de atrevernos; Jesús sigue a nuestro lado, no sentiremos su ausencia. Nada hay hoy más responsable ni más lúcido que creer en él y actuar en coherencia con el Evangelio de la compasión y misericordia. María es fuente de vida, dulzura y esperanza para el camino. 

Sentimos tu paz, Jesús, tu fortaleza. Gracias.

¡Feliz Pascua de Resurrección!
Un abrazo y mi oración.

VI Domingo de Pascua - EVANGELIO ORADO

Lunes,

 

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