Comentarios de Evangelio

ORAR EN ESTOS MESES DE VERANO

BUSCADORES DE PRESENCIA

Cuando te despiertes por la mañana procura respirar hondo, sonreír y agradecer a Dios la vida.

Sería estupendo comenzar la jornada tomando conciencia de que Dios está contigo.

Puedes leer al menos una frase del Evangelio y rumiarla a lo largo del día.

Una hermosa forma de parecerte a Jesús es cuidar la vida, cuidar toda vida.

Cambiará tu vida si cada día evitas la preocupación y practicas la confianza en la Providencia.

Dedicar tiempo al descanso, pasear, disfrutar de la naturaleza que cada día es una fiesta para tus sentidos, y hará que fácilmente brote en ti la alabanza.

Dios siempre está. Intenta descubrir su presencia  cuando estés en contacto con la naturaleza, cuando estés con los amigos o en familia, cuando estés a solas.

Procura ser la expresión viva de la amabilidad de Dios. Regalando una sonrisa a quien encuentres en tu camino, una palabra amable, una mirada de cariño.

Sería maravilloso que llevaras siempre en los labios una palabra de esperanza, en las manos un gesto de paz, en los pies un alivio para los que están en las orillas.

El amor no descansa ni en verano. Puedes aprender de María a estar atento/a a las necesidades de los otros y brindarles tu ayuda.

Y cuando llega la noche, abandonarte en los brazos de ese Padre que cuida tu vida con amor infinito y vela tu sueño será la mejor garantía para disfrutar de un feliz descanso.

UN ABRAZO Y MI ORACIÓN.

5 de agosto de 2018
XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

(Ex 16, 2-4. 12-15 ; Ep 4, 17.20-24 ; Jn 6, 24 - 35)

- Oración (La misa de cada día: Jordi Vila i Borràs)

5 de agosto

Señor; danos siempre de este pan
que eres tú mismo, que has venido a der al mundo
la vida verdadera, que va mas allá
de cualquier expectativa y deseo mundano.
Nos afanamos par tantas casas
que a menudo se nos escurren entre los dedos
y que, si las conseguimos,
no nos llenan tanto coma habíamos pensado.

 

La felicidad que este mundo nos ofrece
es como una manta demasiado corta:
por una u otra parte siempre se echa en falta.
La única felicidad que no falla
es poner nuestro corazón en ti:
que nuestro deseo sea hacer la voluntad del Padre,
que nuestro bienestar sea sabernos amados por Él
y destinados a la vida eterna.

Lectura orante del Evangelio: Juan 6, 24-35

No suele Su Majestad pagar mal la posada, si le hacen buen hospedaje” (Santa Teresa, C 34,8)

José Antonio Nieto (España)

Maestro, ¿cuándo has venido aquí?
Andamos sedientos de vida, tocados por dentro por el misterio de Dios. Pasamos mucho tiempo ocupados y preocupados por cosas, sin duda, importantes, pero nada de eso nos sacia por completo. Jesús nos sale al encuentro; no sabemos cómo, pero se hace presente. Su presencia nos atrae y, a la vez, nos agita por dentro y nos contagia su locura de amor. ¿Cuál es su secreto? Tiene algo que necesitamos vitalmente. Es una suerte dar con él; es una suerte dar con María. “No hay para qué le ir a buscar en otra parte más lejos… que está con nosotros el buen Jesús, que nos lleguemos a Él” (Santa Teresa, C 34,8).

Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.
La oración es la oportunidad de estar atentos al Evangelio. En él, Jesús nos desvela otra manera de vivir, no fácil de aceptar porque rompe nuestros esquemas y va contracorriente. Buscamos pan para alimentar nuestra vida, pero no buscamos lo que da sentido a nuestra vida. Nos faltan ojos para ver a Jesús. Además, quien entiende el signo de Jesús no solo busca el pan sino que lo comparte con los más pobres. “Que le vean descubiertamente y comunicar sus grandezas y dar de sus tesoros, no quiere sino a los que entiende que mucho le desean, porque estos son sus verdaderos amigos” (Santa Teresa, C 34,13). Jesús, ábrenos a tu gracia, conviértenos a ti.

Trabajad por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre.
Trabajar es creer en Jesús, confiar con audacia en Él. La fe en Jesús ensancha nuestros límites, pro-

longa nuestra vida hacia la Vida. El trabajo de la fe nos mete en la gratuidad más absoluta. Jesús, el amigo de dar vida, está con nosotros. El pan que nos ofrece es él mismo. “Cuando comulgaba… desocupábase de todas las cosas exteriores cuanto le era posible y entrábase con él” (Santa Teresa, C 34,7).

Señor, danos siempre de ese pan.

Ninguna señal es suficiente para quien no se atreve a confiar. Quien pide el pan que sacia el hambre de vida que tiene todo ser humano, confía en Jesús. ‘Danos tu pan’ ¡Qué petición tan bella! “No se queda para otra cosa con nosotros sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros” (Santa Teresa, C 34,1)

Yo soy el pan de vida. El que cree en mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

Jesús hace una proclamación insólita de vida. Se presenta como el pan de vida eterna. Para alcanzar ese pan, hay que creer en él. Somos plenamente humanos cuando comemos de su pan. Detrás del pan de Jesús está el Padre como fuente inagotable de vida, está el Espíritu como dador de vida; delante, está una humanidad a la espera de la vida verdadera. “Si no es por nuestra culpa, no moriremos de hambre; que de todas cuantas maneras quisiere comer el alma hallará en el Santísimo Sacramento sabor y consolación” (Santa Teresa, C 34,2).  

Feliz día de la Transfiguración.

Buen Verano.
Un Abrazo y mi oración.

XVIII Semana del Tiempo Ordinario

http://www.cipecar.org/es/

Lunes, 6 de agosto  
LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR  
Se transfiguró delante de ellos” (Mt 17,2)  
Jesús muestra en el monte a sus discípulos el destino de los hijos de Dios. La última palabra la tiene la luz; ante ella, la oscuridad retrocede avergonzada Contempla un icono. Mira el rostro de Jesús iluminado. Dedica unos momentos a contemplar la luz en las personas que te rodean.  
Pon tu luz en mis ojos, Señor, que no sé andar por los caminos, si Tú no estás conmigo y me guías. ¡Gracias por tu luz, Jesús! ¡Gracias por todos los que brillan como Tú!  

Martes, 7 de agosto  
“Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar” (Mt 14,23)  
Para Jesús, más allá de todo, está el Padre. No trata de rumiar en su interior los éxitos, sino de descalzarse de todo ruido para estar a solas con su Padre. Acostúmbrate a tener todos los días un momento así. Déjalo todo, deja a todos, y en silencio abre tu corazón al Padre.

En tu Fuente, quiero beber, Señor. En esa hondura, Tú recreas mi agua. Y mañana, ¡de nuevo a ser fuente en medio de las gentes!

Miércoles, 8 de agosto   
“Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas” (Mt 15,28)  

¡Qué insistencia la de esta mujer! Pide, vuelve a pedir, insiste. Deja una y otra vez que se asome su deseo hondo y se haga presente en sus palabras de fe.   Procura que tus palabras no vayan más allá de la verdad que hay en tu corazón, pero procura poner tu corazón en lo que le dices a Dios y en lo que dices a los demás.  

Asomo ante ti, Señor, mi corazón, te miro y espero tu compasión.

Jueves, 9 de agosto  
SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ, EDITH STEIN
“Quítate de mí vista, Satanás, que me haces tropezar” (Mt 16,23)  
Pedro no entiende el camino de la cruz. No sabe estar cerca de Jesús en este momento. Al querer para Jesús el poder y la gloria en sentido humano lo expone al tropiezo.   Fíjate en la debilidad de las personas que quieres: enfermedades, fracasos, situaciones difíciles. Ten cuidado de lo que les dices. Ser para ellos una eucaristía es la mejor forma de ayudarles.  
¿Qué tendré que decir a mis hermanos, Señor, para no hacerlos tropezar? Pondré mi luz, la que Tú me has dado, en su oscuridad. ¡Gratuitamente!
"Quien busca la verdad, sea o no consiente de ello busca a Dios"... "Cuanto más oscuro se vuelve aquí todo para nosotros, tanto más tenemos que abrir el corazón a la luz que viene de arriba"... "En el signo de la cruz, venceremos… se vean o no los frutos" (Edith Stein).  

Viernes, día 10 de agosto  
SAN LORENZO  
“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto” (Jn 12,24)  
No se produce vida sin dar la propia. La creatividad y la belleza nacen de la entrega de la vida. Amar es darse. Pasa un momento junto a Jesús.   Pon tu vida en sus manos. Confíale tu vida. Dásela.  
¿Cuándo aprenderé, Dios mío, a hacer de mi vida una ofrenda a Ti y a mis hermanos?  

Sábado, 11 de agosto 
“Señor, ten compasión de mi hijo” (Mt 17, 14).  
Un hombre necesitado se acerca a Jesús con una actitud de fe: le llama Señor y se postra ante él. Jesús recrimina a sus discípulos la falta de fe-confianza en su Amor.   La fe escondida en lo pequeño y en los pequeños es más fecunda que estar previendo catástrofes. Pide tú también la pequeña semilla de la fe, a Dios Padre, para el que nada es imposible.

Señor en ti confío. Te alabo y te bendigo por tu gran bondad.