Comentarios de Evangelio

9 de agosto de 2020
19° domingo del tiempo ordinario
(1 R 19, 9ª.11-13ª ; Rm 9, 1-5 ; Mt 14, 22-33)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Julio (Ciclo A) 2020

5 de julio - 14° Domingo T.O.

12 de julio - 15° Domingo T.O.

19 de julio - 16° Domingo T.O.

26 de julio -17° Domingo T.O.

Agosto (Ciclo A) 2020

2 de agosto - 18° Domingo T.O.

9 de agosto - 19° Domingo T.O.

6 de agosto - 20° Domingo T.O.

23 de agosto - 21° Domingo T.O.

30 de agosto -22° Domingo T.O.

Ciclo A

 

La sed profunda del ser humano es ser feliz

Buscamos la perla preciosa, el encuentro con Dios, en el silencio y también las circunstancias concretas que nos toca vivir.

La verdad que anhelamos la escuchamos en el silencio del corazón donde Dios nos dice una palabra, única y personal.

¡Escúchale!

Esa palabra, ilumina el camino de los que anhelamos vivir el tesoro en el corazón de una vida cotidiana, en una situación normal de trabajo, ajetreo y ocupaciones diversas.

Hay un camino que hacer por uno mismo.

Travesía en la que no valdrán brújulas, ni maestros, ni libros, ni medallas de pasadas victorias…

Soledad sin sonidos muchas veces.

Escuchar bien los adentros de nuestra confusión y no buscar consuelos engañosos, lejos del camino de nuestra verdad.

¡Confía!

“Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque Tú vas conmigo” (Salmo 22).

Dios te espera en el camino. ¡Párate!

Dios nos sale al encuentro en cada rincón del camino.

En cada encrucijada nos espera pacientemente.

Todo es presencia del Dios escondido.

Él nos sale al paso en la fragilidad de nuestro barro, de nuestro tiempo.

Escucha su callado amor.

Un abrazo, mi oración y mucha salud.
No olvides a Dios en vacaciones. Antón

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

9 de agosto

Señor, gracias por el don de la fe
y por la Iglesia que custodia este tesoro.
Gracias por el sacramento del bautismo,
por nuestros padres y padrinos
y por todas las personas que nos han ayudado
a mantener encendida la llama de la fe.
Sin su testimonio no creeríamos
y tal vez que no te habríamos conocido.
Sin embargo, es necesario que el mensaje recibido
se haga realidad en nuestra vida.
Te pedimos perdón porque ante las dificultades,
en vez de confiar en tu Palabra,

 

a menudo tenemos miedo y dudamos.
Nos creemos valientes y fuertes
porque te sabemos a nuestro lado.
Pero cuando empezamos a hundirnos,
gritamos asustados, como si no estuvieras.
Gracias porque estas siempre dispuesto
a tendernos tu mano.
Señor, ayúdanos a crecer en la fe.
Solo así podremos caminar a tu lado
por las aguas turbulentas de la vida.
Sabemos que el camino no es fácil.
Que tu Espíritu nos acompañe

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Lectura orante del Evangelio: Mt 14,22-33

"En una noche oscura, / con ansias en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura!/
salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada”  (San Juan de la Cruz)

José Antonio Nieto (España)

La barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
¿Cómo vivir con la casa sosegada en una sociedad marcada por tantas y tan graves injusticias y sufrimientos? ¿Cómo dar sentido pleno a la vida? Aturdidos por el oleaje del mal, desanimados por los vientos contrarios, pero abiertos a la palabra de Jesús que vence la nada y crea el ser, los orantes esperamos que Jesús se haga presente y sosiegue nuestro corazón. Madre de los creyentes, danos tu  fe.   

A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el agua.
A veces lo único real para nosotros es la tempestad. Nuestros ojos no ven nada más. Pero Jesús está en medio de la crisis y su silencio es siempre palabra viva. Buscarle, aunque sea un poquito, nos descubre que es él quien nos busca. Jesús se sienta por encima de los aguaceros, apacigua las tormentas. Jesús se acerca, prepara encuentros. La oración nos despierta para percibir sus pasos silenciosos anunciando su llegada. Tú, Jesús, eres más fuerte que las olas. Tú, María, eres madrugada para nuestras noches.  

¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
¡Qué palabras tan bellas de Jesús, el amigo verdadero, el amado! Dan ganas de oírlas una y otra vez, para que nos brote la confianza incondicional. Estas palabras nos sacan de la parálisis del miedo, nos invitan a danzar en-

cima de las dificultades; colman las aspiraciones más íntimas del corazón, eclipsan todos los eclipses de Dios, dejan paz y alegría en los adentros. Aunque el momento presente tenga los matices de la tormenta, las palabras de Jesús nos afianzan en la confianza de que con él llega la calma. Jesús, gracias de todo corazón.

Señor, sálvame.
Cuando la fe confiada se asoma, los miedos se van. Aunque no sepamos todavía avanzar con libertad, las dificultades se vuelven tierra firme sobre la que pisar. Y si el agua nos cubre, nada de lo importante está perdido; siempre nos queda el grito orante. Jesús, contigo a nuestro lado todo es posible. ¡Sálvanos!

Los de la barca se postraron ante él diciendo: ‘Realmente eres Hijo de Dios’.
Del oleaje del mar y los miedos, llegamos, por obra del Espíritu, a la paz y a la confesión de fe en el Señor Jesús. La noche se llena de luz. Nuestra oración se hace silencio adorador y Jesús nos conduce a una iglesia más evangélica, nos lleva a una primavera en la que es posible entregar la vida, confiar los unos en los otros, danzar la danza del amor en los brazos de la gracia. Reavivemos nuestra confianza en él. No tengamos miedo. Con  la iglesia te adoramos, Señor, Jesús. 

Feliz fiesta de la Transfiguración.
Un abrazo, mi oración y mucha salud.

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EVANGELIO ORADO

Lunes,3 de agosto
“¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!” (Mt 14, 27).
Deja que resuenen dentro de ti estas palabras tan poderosas y cercanas de Jesús. Recuerda las ocasiones en que te han dado ganas de abandonar, al verte luchando con las olas. Ora alguna situación de noche en la humanidad, que parecen no tener salida. Jesús, mientras tú estás a oscuras, nunca te abandona. Te dice palabras de aliento.
Señor Jesús, gracias a tu ánimo y al de los hermanos puedo vivir la noche en fe y esperanza.

Martes, 4 de agosto
«La planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo» (Mt 15, 14).
Jesús abre un nuevo camino para llegar hasta Dios y realizar así el deseo más profundo de la gente: estar en paz con Dios. La Buena Nueva anunciada por Jesús sacó al pueblo de la defensiva, del miedo y le devolvió la voluntad de vivir, la alegría de ser hijo e hija de Dios.
Gustad y ved que bueno es el Señor. Dichoso si pones toda tu confianza en Él.

Miércoles, 5 de agosto 
“Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas” (Mt 15, 28)
¡Qué insistencia la de esta mujer! Pide, vuelve a pedir, insiste. Deja una y otra vez que se asome su deseo hondo y se haga presente en sus palabras de fe. Procura que tus palabras no vayan más allá de la verdad que hay en tu corazón, pero procura poner tu corazón en lo que le dices a Dios y en lo que dices a los demás.
Asomo ante ti, Señor, mi corazón, te miro y espero tu compasión.

Jueves, 6 de agosto
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR.
“Su rostro resplandecía como el sol” (Mt 17, 2)
Jesús muestra en el monte a sus discípulos el destino de los hijos de Dios. La última palabra la tiene la luz; ante ella, la oscuridad retrocede avergonzada. Contempla un icono. Mira el rostro de Jesús iluminado. Dedica unos momentos a contemplar la luz en las personas que te rodean.
Pon tu luz en mis ojos, Señor, que no sé andar por los caminos, si Tú no estás conmigo y me guías. ¡Gracias por tu luz, Jesús!

Viernes, día 7 de agosto
“El que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16, 25)
El que sigue a Jesús nunca está solo. El que sigue a Jesús se encuentra con su mirada. El que le hace sitio en su corazón ve cómo se le ensancha la alegría. Tiene sentido tu búsqueda de Jesús, tiene sentido tu vida entregada al servicio del Evangelio, tienen sentidos las semillas sembradas cada día en el surco de la comunidad cristiana.
Me cuesta perder. Me duele perder. Quiero hacerlo contigo, Señor. Hazme un sitio en tu grupo de amigos, Señor.

Sábado, 8 de agosto
“Señor, ten compasión de mi hijo” (Mt 17, 14).
Un hombre necesitado se acerca a Jesús con una actitud de fe: le llama Señor y se postra ante él. Jesús recrimina a sus discípulos la falta de fe-confianza en su Amor. La fe escondida en lo pequeño y en los pequeños es más fecunda que estar previendo catástrofes. Pide tú también la pequeña semilla de la fe, a Dios Padre, para el que nada es imposible.
Señor en ti confío. Te alabo y te bendigo por tu gran bondad.