Comentarios de Evangelio

17 de junio de 2018
XI Domingo del Tiempo Ordinario

(Ez 17, 22 – 24 ; 2 Cor 5, 6 – 10 ; Mc 4, 26 - 34)

- Oración (La misa de cada día: Jordi Vila i Borràs)

17 de junio

Nos divierten los niños impacientes
que preguntan cuánto falta para llegar,
que encuentran los días larguísimos,
las semanas inacabables
y viven los años como si fuesen siglos.
y ante ti, Señor, nos volvemos coma ellos.
Querríamos hacernos mayores de repente
y comprender todos los secretas del universo.
Querríamos que el mundo se arreglara
en un abrir y cerrar de ojos, barrer toda la suciedad

 

y gozar para siempre de un mundo perfecto.
Danos, Señor, la paciencia
que predicamos a los niños,
enséñanos a confiar en ti
y a dejar que tu marques el ritmo,
a gozar desde ahora del lento crecimiento
de tu Reina en cada persona
que tiene voluntad de abrirse, de compartir,
de perdonar, de agradecer, de amar.

Lectura orante del Evangelio: MARCOS 4,26-34

La palabra de Dios hace crecer, da vida” (Papa Francisco)

José Antonio Nieto (España)

El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.

¡Qué maravilla esta acogida tan agradecida de nuestra tierra! ¡Qué bien dicen estas parábolas lo que es la vida! Semilla y tierra, abrazándose en la hondura; propio conocimiento y grandeza de Dios, mirándose de cerca; Dios y hombre, caminando juntos; y el Reino abriéndose paso en la historia. Aunque el mal mete mucho ruido, nuestro gozo está en sembrar semillas de Evangelio con realismo, con paciencia y con una confianza grande. Un misterio de amor lo penetra todo. 

Espíritu, tú nos regala lo esencial; ahí está la esperanza de un futuro mejor.

La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

¡Jesús, sembrando en nosotros la semilla del amor!: eso es orar. ¡Nosotros, sembrando el proyecto de Dios en el ser humano!: esa es nuestra tarea misionera. Sin saber cómo, porque el Reino no tiene nuestra lógica, la presencia de Jesús va creciéndonos por dentro. No son nuestras fuerzas, sino la fuerza de Jesús la que va haciendo germinar secretamente la semilla en el corazón de las personas. El Espíritu es el protagonista silencioso de este crecimiento. A nosotros nos toca sembrar, que no es resignación, sino esperar con serenidad. Sembrar en la mejor manera de mostrar que somos amigos de la vida. 

Ven, Espíritu Santo. Acrecienta en nuestro corazón el amor a Jesús.

La tierra va produciendo la cosecha ella sola.
No sospechábamos que nuestra tierra tuviera dentro tanta belleza sembrada. Nuestra tendencia a juzgar deja paso al asombro. El silencio, habitado por una sementera fecunda, rompe a cantar. La tierra reseca se llena de flores; la esperanza, reprimida por la angustia, se levanta y camina. Surge la alegría. Todo lleva el sello de Dios, que está muy dentro de lo que vivimos, de lo que hablamos, de lo que pensamos, de lo que nos emociona, de lo que nos entristece. Lo que nos hace preciosos es el amor que Jesús siembra en nuestra tierra. Es hora de reflejar en la vida lo que estaba escondido, y fecundo, en el corazón. 
Jesús, todo lo tuyo es pura gratuidad. Nos brota el asombro.
¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Con un grano de mostaza.
Dios, hecho a nuestra medida, regalándonos infinidad de guiños amorosos en el día a día.  El Reino de Dios hablando nuestro lenguaje, encarnado en nuestra carne. ¡Qué fuerza tiene Dios en lo pequeño! El arte de vivir está en abrirse a Dios, dejar que él sea y haga su obra en nosotros. El Reino es sembrar algo muy pequeño en el corazón, es buscar caminos nuevos con la humildad y confianza de Jesús.  Hágase en mí, tu palabra, Señor. Hágase.

Es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas.
Cuando la casa está sosegada, en el más profundo centro, Dios es amigo de dar. Su presencia en los adentros hace que estalle la vida en nosotros. Y sobreabunda su amor, cuando menos lo merecemos, porque es cuando más lo necesitamos. Todo es gracia. El fruto desborda las expectativas de lo sembrado. Podemos contar y cantar la historia de otra manera, con la música de las bienaventuranzas.  Jesús, tú >entras y llenas nuestra casa de alegría. Gracias.

¡Feliz domingo!
Un abrazo y oración.

XI Semana del Tiempo Ordinario

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Lunes, 18 de junio  

“No hagáis frente al que os agravia” (Mt 5,39)  
Jesús enseña a sus amigos a interrumpir con la no-violencia la espiral de la violencia. Sonríe una y otra vez; es una excelente manera de desarmarte y de salir al encuentro.

Sé que tú me amas. Con eso me basta.

Martes, 19 de junio

“Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen” (Mt 5,44)
La comunidad cristiana aprende cada día esta enseñanza novedosa y revolucionaria: abrir las puertas a todos, también a los enemigos. Reza hoy por tus enemigos; al final del día llevarás algo menos de peso en tu mochila.

Ayúdame a poner amor donde no lo hay, haz nacer en mi corazón la plegaria por mis enemigos.

Miércoles, 20 de junio

“Entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre” (Mt 6,6)
En la interioridad, sin ruido de palabras y a solas, enseña el Espíritu el camino de la oración. Busca un lugar silencioso y habla con el Dios que habita tu corazón.

Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor.

Jueves, 21 de junio

“Padre nuestro” (Mt 6,9)
Este es el regalo que nos hace Jesús: poder tratar de amistad con quien sabemos que nos ama. Vístete hoy con el traje de fiesta de la fraternidad. A tu Padre le gusta verte llegar dando la mano a muchos hermanos
.
Padre nuestro, Padre de todos, líbrame del orgullo de estar solo.   
   
Viernes, 22 de junio

“Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6, 21)
Jesús invita a sus discípulos a no dejarse atrapar por las riquezas de este mundo. El verdadero tesoro es entrar en el Reino, estar  a favor del proyecto de Jesús, que no es otro, sino que el ser humano viva.

Abre mi corazón a tu Gracia y abre mis manos a quienes viven a mi lado.

Sábado, 23 de junio

“Buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 33)
Los afanes y preocupaciones de la vida cotidiana deben ser algo secundario en los discípulos, porque el Reino de Dios es lo más importante en su vida. Así es posible vivir la confianza en el Padre que cuida de todos sus hijo/as.

Padre, me pongo en tus manos, dame lo necesario para vivir el hoy de cada día.