Comentarios de Evangelio

23 de junio de 2024
XII domingo del tiempo ordinario - B
(Jb 38, 1.8-11 ; 2 Co 5, 14-17 ; Mc 4, 35-41)

Comentarios de Evangelio
"Relais d'Évangile"

Antiguamente en la revista " Le Règne de Jésus par Marie "

Gracias a todos los cooperadores Montfortianos

Mayo (Ciclo B)

5 de Mayo - VI Domingo de Pascua

12 de Mayo- VII Domingo de Pascua

19 de Mayo- Pentecostes

26 de Mayo - La Santísima Trinidad

Junio (Ciclo B)

2 de Junio - Santisimo Cuerpo y Sangre de Cristo

9 de Junio- X Domingo Ordinario

16 de Junio- XI Domingo Ordinario

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23 de Junio- XII Domingo Ordinario

30 de Junio -XIII Domingo Ordinario

- Oración (La misa de cada día: Josep Otón Catalá)

23 de junio

Queremos escuchar, Señor Jesús,
la invitación a pasar a la otra orilla
que haces a toda la iglesia y especialmente
a los que ejercen algún ministerio,
a las religiosas y religiosos
y a cuantos deseamos vivir según tu Evangelio.
Debemos confesar, sin embargo,
que no somos tan atrevidos como tu
y con frecuencia pensamos que todo se hunde,
olvidando que la iglesia, cada comunidad
y cada persona están en tus manos.
Por eso te pedimos que tengamos
Je abundante para obedecer a tu palabra
y superar tantos miedos que nos paralizan.
Al final de curso y cuando llegan vacaciones
te pedimos que este tiempo sea

 

una oportunidad para revisar,
a la luz del Evangelio,
nuestra vida personal y familiar,
nuestro compromiso eclesial y social.
Te pedimos especialmente por las familias
y los niños que no podrán gozar de vacaciones;
por los jóvenes que en estos meses
tendrán la oportunidad de descubrir
«la otra orilla» de la vida
haciendo una actividad solidaria
o conociendo a otras personas y culturas:
que sea para ellos una buena ocasión
para descubrir y seguir
la vocación de servicio a los demás,
a la que todos somos llamados.

Ciclo A

 

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Buena semana, mi oración y mucha salud. Antón

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Lectura orante del Evangelio: Marco 4,35-41

Él me dio grandísima luz (Vida 30,4)

José Antonio Nieto (España)

Vamos a la otra orilla.
Frente al lamento y al inmovilismo ante lo que nos está sucediendo en este momento y que nos puede llevar incluso al atasco interior y a culpabilizar a Dios (cada uno puede ponerle nombre a esto), la propuesta de Jesús siempre es novedosa, llama al movimiento, al cambio. Jesús nos invita a pasar a la otra orilla, a confrontarnos con el misterio de Dio, a sabernos inmensamente amados por Dios. Subir a la barca con Jesús es dejar la superficialidad para adentrarnos en la eterna novedad. No es fácil dar este paso. A santa Teresa de Jesús le costó mucho entenderlo y decirlo.
Sea el Señor alabado que me libró de mí (V 23,1).

Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca.
El viento fuerte y el oleaje provocados por la tormenta de guerras, violencias incontrolables, inseguridades (también aquí cada uno puede poner nombre a lo que le está pasando), ponen a prueba nuestra confianza en el Señor. El miedo a renovar la novedad de ser y de vivir como cristianos se levanta como una ola que amenaza nuestra barquilla. Parece que todo está en contra de que acontezca en nosotros un nuevo nacimiento. De ahí la tentación de quedarse en tierra, en la propia orilla, sin ir más allá. Santa Teresa de Jesús supo mucho de este forcejeo interior cuando se sintió llamada a ser, por medio del Espíritu, ella de verdad:
Gran mal es un alma sola entre tantos peligros (V 7,20).  

Maestro, ¿no te importa que perezcamos?
Podemos fijarnos en las dos actitudes que refleja el texto evangélico: por una parte, el miedo de los discípulos (de nosotros) aterrados ante lo que está sucediendo y por otra, la confianza de Jesús que duer-

me tranquilo en medio de la tempestad. Es la hora de confiar en Jesús, quien, aun dormido, es garantía de salvación, de paz, de vida. La novedad consiste en vivir con Él, como Él.
A buen seguro que no falta Dios (V 15,2).

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Silencio, enmudece!
Sólo en la barca, con Jesús, hay vida; remitidos constantemente al misterio de su amor que nos acompaña. Los miedos van desapareciendo a medida que crece nuestra confianza en Él. Con el Señor a nuestro lado vamos encontrando la paz y fortaleza de la fe; con el Señor y con los amigos de Dios, en los que nos habla y consuela el Espíritu Santo. Yo soy y no te desampararé; no temas… Heme aquí con solas estas palabras, sosegada, con fortaleza, con ánimo, con seguridad, con una quietud y luz que en un punto vi mi alma hecha otra…
¡Oh, qué buen Señor y qué poderoso!… Sus palabras son otras. ¡Oh, válgame Dios, y cómo fortalece la fe y se aumenta el amor! (V 25,17-18).

¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas lo obedecen!
El yo, desgarrado por tantos temores y contradicciones, no se ha sentido desamparado. Hay alguien que no nos abandona. ¿Quién es? Es Jesús, el Señor. Así lo expresa un hermano de mi comunidad: 

Estoy sobre la palma de tu mano / jugando como un niño. / No la quites, Señor, / fuera de ella / ha extendido la nada sus abismos (Pablo Fernández).

¡Feliz domingo!
Un abrazo, mi oración y mucha salud. Antón

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EVANGELIO DÍA A DÍA

Lunes, 17 de junio
“Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia” (Mt 5,39)
Jesús enseña a sus amigos a interrumpir la espiral de la violencia con la no-violencia. Esta magnanimidad sólo será posible si nos reconocemos como hijos del Padre celestial. Sonríe una y otra vez; es una excelente manera de desarmarte, de salir al encuentro de los otros. Haz el bien. Bendice.
Señor, dame un corazón desprendido, capaz de amar sin condiciones. Dame un corazón como el tuyo. Donde haya odio ponga amor. Donde haya violencia siembre paz. Donde haya tristeza regale una sonrisa.

Martes, 18 de junio
“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5,44-45)
La comunidad cristiana aprende cada día esta enseñanza novedosa y revolucionaria: abrir las puertas a todos, también a los enemigos.
Reza hoy por tus enemigos, por quienes no te caen bien; al final del día llevarás algo menos de peso en tu mochila y mucha paz en tu corazón.
Ayúdame a poner amor donde no lo hay, haz nacer en mi corazón la plegaria por mis enemigos.

Miércoles, 19 de junio
“Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará” (Mt 6,6)
En la interioridad, sin ruido de palabras y a solas, enseña el Espíritu el camino de la oración. Este diálogo amistoso nos desvela la profunda belleza y dignidad que llevamos dentro. Es como un nuevo entender y entendernos. Solo cuando nos acogemos encontramos el camino para recogernos.
Acalla, Señor, los ruidos de mi mente. Serena mi agitado corazón.  Mi deseo es escuchar tu palabra de luz y de verdad. Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor.

Jueves, 20 de junio
“Vosotros orad así: ”Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,  hágase tu voluntad” (Mt 6,9-10)
Este es el regalo que nos hace Jesús: poder tratar de amistad con quien sabemos que nos ama. La confianza y la ternura son actitudes para encontrarnos con Dios Padre. Él conoce nuestras necesidades, nos invita a preparar la mesa para todos y a compartir la fraternidad.
Padre nuestro, Padre de todos, líbrame del orgullo de estar solo.

Viernes, 21 de junio
“Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt 6, 21)
Jesús invita a sus discípulos a no dejarse atrapar por las riquezas de este mundo. El verdadero tesoro es el Reino, estar a favor del proyecto de Jesús, que no es otro, sino que el ser humano tenga vida en abundancia.
Señor, quiero ser tan pobre que mi única riqueza seas tú. Mi dicha eres, tú. Mi tesoro eres tú. Mi felicidad está  en la entrega, como tú.

Sábado, 22 de junio
“Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio” (Mt 6, 33-34).
El Evangelio de hoy ilumina nuestra relación con el dinero y nuestra confianza en la Providencia Divina. Los afanes y preocupaciones de la vida cotidiana deben ser algo secundario en los discípulos, porque el Reino de Dios es lo más importante en su vida. Así es posible vivir la confianza en el Padre que cuida de todos sus hijo/as.
Padre, me pongo en tus manos, dame lo necesario para vivir el hoy de cada día.
“Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta” (Sta. Teresa).