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Un día en el Seminario

Ricardo Colmenero

Las constelaciones familiares ¿un peligro?

Luis Santamaría del Río
Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES)
ries.secr@gmail.com

En diversas ocasiones me han preguntado cómo se desarrolla el día a día en el seminario. Esa cuestión suele ir acompañada de otra: ¿Cómo se desarrolla la formación de los que, por la gracia y voluntad de Dios, serán algún día sacerdotes?
Los seminaristas estudian el Bachillerato en Sagrada Teología. Es una carrera compuesta de 5 cursos, exactamente igual que las antiguas licenciaturas civiles. Morfológicamente se distinguen dos ciclos, uno de filosofía (dos cursos) y otro de teología (tres cursos). Al finalizar el bachillerato, todos los estudiantes deben aprobar la síntesis teológica. Esta prueba se compone de una parte escrita y otra oral.
En el seminario también hay formación para los seminaristas. El propedéutico, el primer año en el seminario, está compuesto de una serie de asignaturas que proporcionan una sólida base intelectual y espiritual. La teología y la filosofía componen el corpus de las asignaturas, así como el latín y el italiano.
No obstante, en la vida de los ministros la formación debe ser continua y actualizada. Una vez ordenados, el diácono y el sacerdote siguen estudiando. Los bienios de licenciatura, los masters y el doctorado son estudios habituales, pero existen otras vías como los ciclos formativos o congresos.
La formación espiritual resulta fundamental para el seminarista y la base esencial de su vocación. La vida en el seminario debe estar orientada a la obtención de una madurez en el espíritu y un crecimiento que aproxima a Dios. Por eso la oración y los sacramentos son el centro de la vida cristiana, el binomio que une en comunión con la Trinidad.
En consecuencia, el día a día del seminarista debe ser litúrgico y orientado a la Obra de Dios. No solamente en el Oficio Divino o la Santa Misa, sino en toda la cotidianidad. Desde el mismo despertar hasta la hora del descanso.

El día a día.

En torno a las 6 de la mañana suena la alarma y comienza un nuevo día. Es el momento para dar los buenos días al Señor, al ángel custodio y a Nuestra Madre.
A las 7:15 se inicia el rezo comunitario de laudes. La Liturgia de las horas (Oficio de Lectura, Laudes, Hora intermedia, Vísperas y Completas) son los rezos oficiales de la Iglesia Católica en función de las horas canónicas. Es el momento en el que se produce el encuentro con Dios a través de los himnos, los salmos,
las preces, las antífonas, los responsorios y las lecturas breves. Así se produce un diálogo íntimo con Él a través de sus propias palabras. Nuestros ruegos y alabanzas son escuchados.
Tras los Laudes es la hora del desayuno. Después los seminaristas nos vamos a clase hasta más o menos el mediodía. En el caso de los propedeutas, tenemos una hora de oración en la capilla antes de las clases y, posteriormente algunos días también elaboramos trabajos en el recinto con los que se interioriza el célebre ora et labora.
Al mediodía se reza la hora intermedia (sexta o nona) y comemos todos juntos. La tarde se dedica al estudio, al deporte y al rezo del Santo Rosario. A la caída se rezan las Vísperas y se celebra la Santa Misa. Cristo se hace presente en la Palabra, en el pan y en el vino. En la vida del cristiano la Eucaristía es el centro de sus días.
Posteriormente cenamos, rezamos completas y nos vamos a nuestro cuarto a descansar.
Los horarios están programados, pero no todos los días son iguales. La vida del seminario no es rutinaria y cada día es único. Así mismo, cada semana hay también actividades pastorales en las parroquias, visita al Cottolengo y la proyección de una película.
Como se puede ver, la vida en el seminario es activa, formativa y comunitaria. Los seminaristas fraguamos la fraternidad y camaradería bajo la sabia mirada de nuestros formadores. También es muy divertida y se comparten momentos muy hermosos.
Doy gracias a Dios por su llamada y su infinito amor. Os pido que recéis por las vocaciones a los diferentes ministerios y a la vida consagrada. La perseverancia en la oración siempre da frutos y Dios nos escucha con ternura.

Una de las supuestas nuevas terapias psicológicas que más está creciendo en la actualidad es la de las Constelaciones Familiares. Por todos lados se habla de "constelar", y hay profesionales debidamente colegiados que practican esta técnica, además de cursillos que la enseñan. ¿De qué se trata? ¿Es algo válido? Y… ¿es peligroso?

Se basa en la Terapia Sistémica Familiar del alemán Bert Hellinger, antiguo misionero católico en África, influido por el psicoanálisis, el Análisis Transaccional y la Terapia Gestalt, entre otras corrientes psicoterapéuticas contemporáneas. Hellinger afirma que los sucesos traumáticos que afectan a la armonía de una familia, rompiendo su armonía original, permanecen
como parte de un "inconsciente colectivo" de esa familia, afectando a sus miembros más allá de ese momento, incluso generaciones después.

Sobre esta base, las sesiones de esta supuesta psicoterapia consisten en una especie de representaciones o dramatizaciones de los hechos que supusieron la ruptura de la armonía familiar, de forma que afloren esos traumas y se puedan asumir e integrar para recuperar esa armonía perdida. Lo que se busca con este juego de rol, realizado en grupo, es recomponer el sistema familiar, el grupo, de manera que vuelva a ser una "constelación".

Esto trae consigo diversos problemas. Uno de ellos es la explicación de esa transmisión de los traumas o problemas a través de las generaciones, que muchas veces no pasa de unas razones mágicas sin fundamento alguno (como la memoria celular). Otro es que acaba exculpando a las personas de lo que les pasa, despojándolas de toda responsabilidad (algo que, seguro, influye en su popularidad). Así lo resumen en una web crítica con las Constelaciones: "¿Tiene cáncer de pulmón? No es por fumar desaforadamente, es porque sus abuelos tuvieron una separación desagradable. ¿No encuentra pareja? No es que esté haciendo algo mal, es que está usted expiando un fracaso amoroso de la juventud de su madre. La postura de Hellinger es que Hitler no era una mala persona, sino una víctima de su constelación familiar".

Lo que puede llevar a extremos ciertamente perversos.

Y para que las palabras de Bert Hellinger hablen por sí mismas, veamos lo que dice ante un caso de abusos sexuales de un padre a su hija: "Si usted se ha confrontado con una situación de incesto, una muy común dinámica es que la mujer no ha cumplido con su marido, ella rechaza mantener relaciones sexuales. Luego, como compensación, la hija toma su lugar… Como ve, en el incesto, hay dos perpetradores, uno en la sombra y uno al descubierto. No puede resolver el problema a menos que salga a relucir el perpetrador escondido…

La hija dice a su madre: 'Lo hice por ti'. Y ella puede decir a su padre: 'Lo hice por mamá'… Si quiere pararlo (el incesto), esta es la mejor manera, sin acusaciones. Si se lleva el perpetrador a la justicia, la víctima expiará por lo que se le ha hecho al perpetrador".

Es decir: que el padre que abusa sexualmente de su hija no tiene culpa alguna. Es tan víctima de la situación como la niña. En una terapia que, como he explicado, se realiza como un juego de rol o dramatización, la persona que ha sufrido una agresión de ese tipo tiene que arrodillarse delante de quien representa a su violador, dándole gracias por la experiencia y pidiéndole perdón por haberlo culpabilizado, cuando ella era la verdadera responsable de la situación.

¿Un peligro? Sí, ciertamente. Una pseudoterapia New Age más que, en lugar de ayudar, culpabiliza a las víctimas y las hunde mucho más. Una propuesta de gran violencia psicológica que puede generar dependencia personal y fenómenos de sectarismo de gran calado.