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LA PENSIÓN DE JUBILACIÓN

Enrique

IRONÍAS Y CONTRADICCIONES DE NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO (I)

Miguel A. López Roldán
Profesor del Colegio SJE

¿Qué es la pensión de jubilación?
Requisitos para solicitarla. Efectos económicos. Trámites a seguir.

La pensión de jubilación es una prestación económica que consiste en una pensión vitalicia, única e imprescriptible, que se concede a un trabajador, cuando a causa de su edad, cesa en el trabajo.
Son beneficiarios de este derecho a la pensión las personas incluidas en cualquier régimen de la Seguridad Social, afiliadas, que reúnan los requisitos establecidos de edad, período mínimo de cotización y hecho causante.

Los requisitos para poder solicitarla son:

1) Edad: tener cumplida la edad ordinaria (65 años), salvo excepciones específicas.
En cuanto a la edad tenemos que tener en cuenta que en la modificación de las pensiones del año 2013 se han fijado unos plazos
hasta el año 2027 en los que se va aumentado la edad para la jubilación en función de los años cotizados.

2) Período mínimo de cotización: Quince años, de los cuales al menos dos deberán estar comprendidos dentro de los quince años inmediatamente anteriores al momento de causar el derecho a la pensión de jubilación.

3) Hecho causante: Trabajadores en alta, el día del cese en la actividad laboral. Trabajadores en no alta, el día de la presentación de la solicitud.

La cuantía de la pensión de jubilación está determinada por la base reguladora y el porcentaje que se aplica a la misma en función de los años cotizados.
Los efectos económicos de la pensión para los trabajadores en situación de alta son desde el día siguiente del cese de la actividad, cuando la solicitud se haya presentado dentro de los tres meses anteriores o posteriores al cese de la actividad. En caso contrario, se producirá el efecto económico con una retroactividad máxima de tres meses desde la fecha de presentación de la solicitud.
Y para los trabajadores que no estén en situación del acta los efectos económicos son desde el día siguiente a la presentación de la solicitud.
La pensión una vez concedida se abona mensualmente con dos pagas extraordinarias que se devengan con la mensualidad de los meses de junio y noviembre.
La pensión de jubilación tiene garantizadas unas cuantías mínimas, así como su revalorización al comienzo de cada año, y está sujeta al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).
La pensión de jubilación es incompatible con la realización de cualquier trabajo por el pensionista, por cuenta propia o ajena, que dé lugar a su inclusión en el sistema de la Seguridad Social, así como con el desempeño de puestos de trabajo en el sector público o de los altos cargos.
No obstante la pensión podrá compatibilizarse con los siguientes trabajos:

1) Trabajos por cuenta propia que le den unos ingresos anuales que no superen el salario mínimo interprofesional en cómputo anual.

2) La actividad desarrollada por cuenta propia por los profesionales colegiados.

3) La jubilación parcial.

4) La jubilación flexible y

5) Otros casos específicos. Los trámites a seguir para solicitarla son dos:
1) Rellenar el modelo de solicitud de pensión de jubilación que nos facilitan en las oficinas de la Tesorería de la Seguridad Social, y
2) Aportar la documentación personal y específica de cada trabajador. En el modelo de solicitud, que también está disponible en la página web del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, esta detallada toda la documentación necesaria para solicitar la pensión de jubilación.

En el siguiente artículo profundizaremos más sobre los años de cotización, las bases de cotización la documentación necesaria y otros aspectos de la pensión de jubilación.

La gran mentira del sistema educativo.

Hace no demasiados años, cierto presidente del Gobierno español afirmaba en diversos foros que nuestra juventud actual era "la generación mejor preparada de la Historia". Muchos siguen creyéndolo así… ¡Ingenuos! No hace falta ser un lince para comprobar que dicha afirmación está muy alejada de la realidad. Es uno de los lugares comunes de lo políticamente correcto. Existe una situación catastrófica, que se podría analizar desde diferentes perspectivas.
El Informe PISA, realizado cada tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, mide el rendimiento académico de los estudiantes en las áreas de lectura comprensiva, ciencia y matemáticas. Los resultados de España son francamente mejorables. Nos encontramos por debajo de la media europea. El fracaso escolar, esto es, el abandono de los estudios antes de terminar la enseñanza media secundaria se encuentra en la actualidad en un alarmante 30%: casi 100.000 alumnos de 15 años tienen un rendimiento bajo en matemáticas y 50.000 manifiestan serias dificultades en comprensión lectora. Y, para colmo, desde 2003 estos porcentajes han ido en aumento... ¡Algo muy grave está pasando en la educación española!

El director de Educación y Habilidades de la OCDE, Andres Schleicher, afirmaba recientemente que "demasiados estudiantes están atrapados en un círculo vicioso de pobre rendimiento y desmotivación que sólo conduce a resultados aún peores y la desvinculación de la escuela". Esta contundente afirmación se agranda todavía más en nuestro país.
Partamos de una realidad evidente. Hoy España tiene muchos licenciados e ingenieros (la famosa "titulitis") y, en el lado contrario, nos encontramos a muchas personas sin ninguna clase de titulación (fracaso escolar juvenil). Al terminar su formación superior, muchos universitarios, apáticos y desilusionados, se ven obligados a emigrar a otros países. Se trata de una lamentable "fuga de cerebros". En el otro extremo, los jóvenes que han sucumbido ante el fracaso escolar pierden oportunidades para la movilidad social y su desarrollo integral como personas, dotadas de inteligencia y voluntad.
Entre esos dos grandes grupos hay un enorme abismo. Porque, en cambio, y sorprendentemente, hay muy pocos técnicos y cuadros medios, pocos profesionales especializados y competentes en sus oficios, que son tan necesarios en cualquier nación industrial mínimamente desarrollada y dinámica. Para ello sería necesario invertir en esas personas, dotarlas de las herramientas necesarias y alentarlas, en definitiva, desde todos los estamentos de la sociedad. Un buen carpintero es tan necesario como un buen arquitecto.
Este es, sin lugar a dudas, uno de nuestros grandes dramas del sistema educativo, pero también de la economía y, en definitiva, de nuestro sistema laboral, que pierde flexibilidad. Se trata de un agujero importante que debería procurar salvarse cuanto antes. Tomando conciencia del problema, podremos exigir, a quien asume la tarea de legislar, la creación un marco propicio para la mejora de la formación profesional, que tan devaluada sigue estando en algunos ambientes.
Las iniciativas educativas ya han detectado, desde hace tiempo, este dramático panorama. Como en otras ocasiones, volvemos a subrayar la imperiosa necesidad de fomentar el esfuerzo, el orden, el comportamiento, el mérito y el gusto por el trabajo bien hecho desde
los tiernos años de la educación infantil y primaria. Sin olvidar –claro está– que la "primera educación" se imparte en el núcleo familiar, pilar básico de cualquier sociedad.