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La España del S.XXI. Historia de un suicidio

Martin Lopez

Francisco a los Religiosos

(Religión Digital)

El día que Pablo Iglesias Turrión definió a la clase política española con el sustantivo de "casta" acertó de pleno. Efectivamente, en el mundo actual, los países denominados libres han creado un nuevo y amplio estrato social que cuida muy bien de sí mismo y que, aunque su principal misión debería ser la de buscar el bien común, los hechos nos demuestran que siempre, en todos los casos, se basa en la endogamia y la autoprotección.
La casta política, paradójicamente, pretende no molestar a nadie, no tomar decisiones difíciles y, si se toman, que estas sean del gusto de la mayoría. No importa si las decisiones buscan el bien o no: lo importante es mantenerse, estar. Permanecer. Cuanto más tiempo, mejor. Por eso son atendidas todas las iniciativas, si detrás hay un colectivo que las respalde. Puede ser, ya porque sea un colectivo muy numeroso o bien porque está "de moda" o "en boca de todos", convirtiéndose en algo políticamente correcto.
La valentía, nadar a contracorriente, opinar en contra de la mayoría pero sabiendo que es lo correcto, es algo que va contra el actual sistema de partidos políticos y, por tanto, de esta casta, que en ocasiones manifiesta rasgos de despotismo y tiranía.
Siempre será adecuado escuchar la voz del Magisterio de la Iglesia sobre el ejercicio de la autoridad política. El querido papa San Juan XXIII lo explicaba en su encíclica Pacem in terris: "Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima
autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho común del país
".
El Catecismo añade que esta autoridad no debe comportarse de forma despótica, sino actuar para el bien común como una "fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido" (Gaudium et Spes 74, 2). Creemos que la mayoría de los españoles comparten esta opinión. Sin embargo, ¿por qué no se hace nada?

Porque desde la casta se ha
educado al pueblo parahacerle pensar que la democracia sólo es votar cada cuatro años, que el poder del pueblo está en su voto. El pueblo decide. Con esto, el político está liberado para interpretar el sentido del voto, permitir que gobiernen unos u otros, favorecer pactos que formen gobiernos de un signo u otro, la aprobación de unos presupuestos determinados,… Pero el pueblo, en cambio, se limita a votar cada cuatro años.
En la realidad vemos que, en los últimos años, la alternancia de partidos políticos al frente de los gobiernos no ha variado de forma significativa el contenido de las leyes, las ideas a la hora de gobernar, ni las posturas ante los temas fundamentales que nos preocupan en estos momentos.
Ante esta situación se nos ocurren las siguientes preguntas: ¿Por qué se mantiene un sistema que enfrenta, de base, unas autonomías contra contras? ¿Por qué se mantiene un sistema que no defiende el valor del orgullo de ser uno, de sentirse español? ¿Por qué, si tenemos una pirámide invertida de población, no invertimos en planes que hagan crecer la natalidad? ¿Por qué no se respeta la norma hasta el punto de no respetar las decisiones judiciales? ¿Por qué el nivel cultural y moral de nuestros políticos es tan bajo? ¿Por
qué vemos todos que España se está suicidando y nadie hace nada?
En la Transición, el pueblo español se sintió lleno y satisfecho con la posibilidad de expresar sus ideas y poder introducir una papeleta dentro de una urna. Los dirigentes de entonces cometieron la grave irresponsabilidad de no educar a la sociedad y, desde los colegios, tampoco se les enseñó a los niños los fundamentos de este país: saber de dónde venimos y a dónde queremos ir, para definirnos cómo somos. España se ha convertido en un caldo tibio, sin definición, y abierto a cualquier tipo de corriente, idea o posibilidad que se plantee. España "ha perdido el norte", porque no sabe ni quién es.
¿Dónde está la España orgullosa de sus raíces, de su Historia; esa España donde los ancianos son cuidados en los hogares y los niños correteando por las calles y los parques? Algunos soñamos con un país lleno de españoles orgullosos de serlo, con familias unidas, donde las personas se esfuercen por quererse, un país donde los abuelos sean protegidos y respetados por sus hijos y nietos. Un país abierto a la vida, un país que comparta la alegría de sentirse seguro y de saber dónde va.
¿Es acaso soñar demasiado?

"LA POBREZA ES LA MADRE, ES EL MURO DE CONTENCIÓN DE LA VIDA CONSAGRADA"

El papa Francisco recibió a cerca de setecientos participantes del Congreso Internacional promovido por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, a quienes alentó a mantener fuerte "la oración, la pobreza y la paciencia".

"Hoy suceden tantas cosas que para no perderse en este mundo, en la neblina de la mundanidad, en las provocaciones, en el espíritu de guerra, necesitamos criterios auténticos que nos guíen en el discernimiento", sostuvo.

El pontífice puntualizó que "la oración es volver a la primera llamada, a la Persona que me ha llamado" y agregó: "Es lo que hace que yo trabaje para ese Señor, no para mis intereses o para las instituciones para las que trabajo".

"Sin el 'aire' de la oración tal vez seríamos buenas personas, cristianos, católicos que trabajan en muchas obras de la Iglesia", completó, al tiempo alentó a renovar la consagración "continuamente en la oración, en un encuentro con el Señor".

Para explicar la pobreza en la vida consagrada, el Papa citó las Constituciones de San Ignacio, quien afirmaba
que "la pobreza es la madre, es el muro de contención de la vida consagrada".

"La pobreza es el muro que defiende del espíritu de la mundanidad", expresó, y alertó sobre los "tres escalones" que llevan de la consagración a la mundanidad religiosa:

"Primero, el dinero, es decir la falta de pobreza. Segundo, la vanidad, que va desde el extremo de pavonearse a pequeñas cosas de vanidad. Y tercero, la soberbia, el orgullo", detalló.

Francisco afirmó que desde allí "parten todos los vicios" y explicó que si se custodia el primero de los escalones, es decir, el de la pobreza, los demás no vienen. "De ahí que la pobreza sea el muro que defiende del desarrollo mundano que tanto daña cada consagración", subrayó.

Asimismo, explicó que sin la paciencia, es decir, sin la capacidad de padecer, sin "entrar en paciencia" como Jesús, una vida consagrada no puede sostenerse. E indicó que se trata de la paciencia que va desde las pequeñas cosas de la vida comunitaria, hasta el sacrificio de sí mismos:

"Sin paciencia se entienden las guerras internas de una congregación", observó, y añadió: "Sin paciencia se entiende el afán de hacer carrera en los capítulos generales".

Francisco aclaró que se trata "no sólo de la paciencia en la vida comunitaria", sino también de la paciencia "ante los sufrimientos del mundo", es decir, "llevar sobre las espaldas los problemas y sufrimientos del mundo".

Francisco pidió a los consagrados "estar atentos" a la oración, a la pobreza y la paciencia, y los animó a continuar con los estudios, el trabajo y a hacer propuestas buenas, "que siempre tengan la mirada que quiere Jesús".