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"SI CUIDAS EL PLANETA... COMBATES LA POBREZA"

Material de campaña

DENLÁZATE POR LA JUSTICIA
(CARITAS, MANOS UNIDAS, CONFER, JUSTICIA Y PAZ, REDES)
CAMPAÑA
"SI CUIDAS EL PLANETA, COMBATES LA POBREZA"
DECÁLOGO VERDE
8º PRINCIPIO: BUCEARÁS EN LA PROPIA TRADICIÓN ESPIRITUAL

LEste pun to d el Decálog o no tiene c omo objetivo hacer un análisis sobre la espi ritualida d, sino más bien trazar una conexión entre la importancia de conocer y vivir de modo coherente nuestra propia tradición espiritual y el cuidado de las personas más frágiles, además del propio planeta, afectado de una dramática vulnerabilidad.
Etimológicamente, el término espiritualidad deriva del latín y alude a una cualidad relativa al alma. Somos personas completas y no podemos hacer división entre cuerpo y alma, más bien hemos de ser capaces d e descubrir que en el interior de cada ser hay un espacio precioso de relación con lo importante de la vida y con lo importante de los demás. Todas las tradiciones espirituales hacen referencia a la necesidad que tenemos los seres humanos de ir al encuentro de la paz, de alcanzar el equilibrio y de obtener la armonía que parece perderse entre las prisas, la violencia o la injusticia que nos rodea.
Desde el principio de los tiempos las personas hemos ne cesitado trascender el ámbito de lo puramente material y encontrar caminos de expresión de esos anhelos y experiencias. Lo que está en nuestro interior, necesariamente se refleja en nuestra escala de valores, conductas y fo rma de vid a. Por eso es imp res cindible que es ta experiencia interior se oriente hacia un estado en el que el bienestar personal y el servicio al prójimo se unan, donde podamos sentir la certeza del amor infinito de Dios y la necesidad de compartir ese amor con todo lo que nos rodea.
En la tradición espiritual cristiana nuestro ejemplo es Jesús de Nazaret, el Justo. Su vida, su muerte, su presencia, nos muestran, de manera clara y precisa, las claves de una vida de discípulos. Jesús vive con pasión, con cercanía, con servicio, con alegría. Muere humildemente, con paz, con entrega. Entre su vida y su muerte no hay ruptura; una es consecuencia de la otra y todo responde al plan de Dios para la Humanidad: recuperar la Vida, la esperanza, la plenitud.
Como dice el papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium: "el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad."
Y en palabras de Benedicto XVI: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Enc. Deus caritas est)
Reconocer lo bueno, lo justo, lo bello, puede impulsarnos, dotarnos de sentido y alentar nuestra propia vida y nuestra relación con las demás personas y con la "casa común". Como sigue diciendo el Papa: "su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos".
Nuestra campaña quiere contagiar esa inevitable implicación en el cuidado del otro, de los otros y del planeta que nos acoge, desde la coherencia, autenticidad y alegría.

¿QUÉ PUEDES HACER (O DEJAR DE HACER)?

1.- Encuentra tiempo en tu día a día para la oración y busca la paz interior: Te ayudará a tomar consciencia del tiempo presente, atendiendo a pensamientos, emociones y sensaciones corporales con una actitud de curiosidad, interés y aceptación. Sin juzgar. Disfrutando del aquí y ahora.
2.- Párate, escucha, siente y vive el silencio: El ruido nos distrae. El silencio puede hacer que la espiritualidad se haga evidente, sin intermediarios. El silencio es tener la experiencia de lo eterno en nuestra vida, te ayuda a entrar más fácilmente en tu interior, para conocerte como eres,
3.- Observa, enriquécete y admira el entorno: Reserva unos minutos a observar la naturaleza; desde lo más grande, como puede ser la salida o la puesta del sol, hasta lo más pequeño, como una flor en sus más mínimos detalles. Solo conociendo, aprenderemos a amar y respetar.
4.- Aprende a valorar lo cotidiano: Constantemente tendemos a anhelar aquello que no tenemos o depositar la felicidad en poseer nuevas cosas materiales sin estimar, disfrutar o prestar atención a todos esos pequeños detalles que se suceden en nuestra vida y que son extraordinariamente bellos. Para caminar hacia una mayor espiritualidad y profundizar en la felicidad interior, uno de los primeros pasos es valorar lo que tenemos.
5.- Trabaja la empatía: La empatía es la capacidad de entender los pensamientos y emociones ajenas, de ponerse en el lugar de los demás y compartir sus sentimientos. No es necesario pasar por las mismas vivencias y experiencias para entender mejor a los que nos rodean, pero sí es preciso escuchar, mantener la mente abierta y sin prejuicios, mostrar interés y comprensión por la otra persona. Descubre, reconoce y recompensa las cualidades y logros de quienes tienes alrededor. Esto va a contribuir, no solo a fomentar sus capacidades, sino que además serán conscientes de nuestra preocupación e interés por ellos. La empatía nos acerca a los demás y a nosotros mismos. No es posible alcanzar una espiritualidad verdadera sin empatía.
6.- Desacelera tu ritmo de vida: Muchas veces no disfrutamos de las cosas del momento porque estamos atendiendo a la siguiente; no nos damos tiempo. La velocidad, el exceso de ocupaciones y la obsesión por ahorrar tiempo son constantes. Desacelerar es conveniente y aporta calma. El mundo está tomando conciencia de que hacer todo más rápido no aporta beneficios, sino al contrario. Esto permitirá mayor tiempo para la escucha, para mirarnos y conectar, para hablar tranquilamente sin ruido y sin apuro.

7.- Toma partido por las personas más vulnerables del planeta: En tus oraciones, tus comportamientos cotidianos, tus decisiones, con tus hábitos de consumo... Apoya la justicia, igualdad y el cuidado de la naturaleza.
8.- Profundiza en nuestra tradición cristiana:
En ella tenemos un largo y rico recorrido en la experiencia de oración. "[...] Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto" (Mt. 6, 6). La referencia de partida es el Maestro, el Señor, Jesucristo, que hizo de su vida oración, enseñanza y acción en cercanía con las necesidades de los hombres. Mírate en él y ora como él y con él, leyendo cada día su Evangelio, fijándote en lo que te dice a ti. Medita sobre la relación de Jesús con el Padre y sobre su actitud y comportamiento con los otros, conocidos y desconocidos, y con nuestra madre Tierra, su Creación.
9.- Al acabar el día, haz un pequeño repaso de lo acontecido: En tu tiempo de silencio y de oración dedica unos minutos a pensar sobre el día que termina. Puedes reflexionar con preguntas como las siguientes: ¿Cómo ha ido el día? ¿Qué tal mis actividades? ¿Qué tal yo, como he estado, cómo me siento? Considera todo aquello que puedas mejorar y alégrate y da gracias a Dios por todas las buenas acciones que has hecho. Mañana tienes otro día entero, lleno de oportunidades para mejorar aquello que no haya estado bien hoy y continuar por el camino de las buenas acciones.
10.- Participa en la celebración de la Eucaristía los domingos: con tu comunidad, desde el silencio buscado y encontrado en la oración y en la meditación, como expresión profunda de tu fe y de tu espiritualidad en la tradición de la Iglesia. "...Porque yo recibí del Señor lo que os trasmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros..." (1 Cor. 11, 22 y ss.)