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LA SOLEDAD

Felix

¿ESTRÉS? ¿QUÉ ES ESO?

Luis Angel

Cada vez más vivimos en una sociedad en la que impera el individualismo. Cada uno se preocupa únicamente de sí mismo. Impera un egoísmo que, a base de ser tan común, llega a parecernos lo más natural, y hacemos de la sociedad algo lo menos parecido a una sociedad en la que hay que convivir (vivir con el otro).

Cada vez vivimos más aislados unos de otros.
Parece que en la familia se vive más unidos, pero en ella también cada uno va a lo suyo; seguimos viviendo un egoísmo: yo, y sólo yo, es lo importante; los demás sirven en cuanto pueden estar a mi servicio y ser útiles para desarrollar mis caprichos.
Sin embargo, el hombre es un ser sociable por naturaleza, fuimos creados para vivir en comunidad.
- "No es bueno que el hombre esté solo". Nos lo dice el Génesis, así lo pensó el Señor Dios en el momento de la creación y creó al hombre y la mujer para que se multiplicasen y dominasen la tierra, dominándola y perfeccionando la Creación. Y no quiere que lo hagamos ninguno individualmente.
- Más adelante en la Biblia se nos dice: "¡Ay del solo, quién le levantará cuando caiga!". Es decir, nos sigue animando a trabajar unos con otros, ya que uno solo tiene el camino muy difícil, prácticamente imposible. Solo, no hay forma de caminar.
- Luego, ya el propio Jesús en el Evangelio, nos dice: "Donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Para estar con nosotros, para acompañarnos en la andadura por la vida, nos pone como condición que no vayamos solos, y cuando manda a sus discípulos a evangelizar, les manda de dos en dos.

¿Por qué se da la soledad?
Somos egoístas, sólo vivimos para nosotros mismos. Los demás nos interesan en la medida que podamos utilizarlos para nuestro servicio; y como todos intentamos hacer lo mismo, tenemos que enfrentarnos unos a otros, y los que mejor parados salen son los más fuertes o los más desaprensivos.
Así se dan los casos de muchísimas personas que viven solas (como yo). Es durísimo estar solo. Se te cae el mundo encima. No tienes ganas de hacer nada, sólo estás pensando en la forma de estar con alguien y no encuentras con quién. Cada uno tiene sus quehaceres, todos ellos muy importantes, sin que quede un hueco para atender a nadie ni un ratito. Lo mismo da familia, hijos... Todos tienen mucho que hacer.
Permitidme un consejo para vosotras mujeres: no olvidéis que los padres de ellos no son de segunda división.
Últimamente visito con frecuencia una residencia de mayores y enfermos. ¡Qué espectáculo! En algo más de un año que llevo visitándolos, hay personas que no las he visto nunca acompañadas de una visita. Da la sensación de que no saben hablar. Están tan acostumbrados a estar solos, que no contestan ni al saludo que les puedas hacer. Están deseando que alguien les diga algo y son pocas las personas que se lo dicen. ¡Es penoso!
También está la soledad de los que cuidan de los enfermos. Tienen que estar allí, sin poder hacer nada, ni moverse en muchos casos, pero allí cuidándolos, cuando muchas veces los propios enfermos ni se dan cuenta de que hay alguien con ellos. Son personas con un mérito increíble, que creo que no se les sabe agradecer.

Tenemos que pensar mucho qué nos lleva a ser así. Es algo que es necesario cambiar. Las personas son lo más importante. Yo, aunque sea repetitivo, sigo pensando que la causa es sólo nuestro egoísmo, el deseo de agradarnos únicamente a nosotros mismos y el seguir a una sociedad que ha perdido el sentido de ser sociedad.
Llevamos el niño a la guardería, a los abuelos a la residencia y compramos un perro para que nos haga compañía. Así de "lógicos" somos.

"No entiendo a la gente que se queja del estrés. ¿Estrés? Venga hombre, menuda excusa de pusilánimes que no saben qué decir para no beberse la vida a grandes tragos como hago yo. Normalmente esta gente empieza quejándose del trabajo. Ya ves tú, como si los demás no tuviéramos una carga de trabajo brutal, con la que no somos capaces de lidiar día a día. ¿Y qué? ¿En qué afecta eso?"
"El caso es que algún día me he notado la respiración acelerada en la oficina, el pulso más rápido de lo normal en plena vorágine de correos, llamadas y videoconferencias, los ojos cansados… pero vamos,todo dentro de lo normal en los trabajos que hay hoy en día; nada por lo que hacerse la víctima."
"Y después de salir de la oficina, pues a atender a la niña, a la familia, ir de un lado para otro sin tiempo para respirar; pues eso, lo normal de los tiempos que nos ha tocado vivir. ¿Qué problema hay? "
"Hombre, no puedo negar alguna mala contestación, algún desplante en casa o algunas faltas de paciencia con mi niña pequeña que en realidad no vienen a cuento"
"Tampoco puedo evitar tener episodios de dormir mal, de no conciliar el sueño o despertarme varias veces a lo largo de la noche. De pronto algún problema me asalta y me paso un buen rato dándole vueltas a la cabeza. Pero vamos, insisto en que es lo más normal del mundo."
"Además, luego llega el fin de semana y ya hay tiempo de sobra para descansar, hacer compra, recoger la casa, la ropa,… Es verdad que son muchas cosas, pero se saca tiempo para todo con organizarse bien. Incluso se puede acercar uno a la iglesia y asistir a alguna Misa, que anda que no tienen horarios."

"Se me olvidaba mencionar algunos problemas digestivos que me han afectado estos últimos días, alguna mala digestión, gases, ardores,… Pero bueno, será que simplemente se me han agarrado los nervios al estómago, una tontería sin importancia ninguna."
¿Os habéis dado cuenta verdad? El estrés no es algo que tenga unos síntomas específicos, que se diagnostique fácilmente y que se cure con una pastillita. No es algo que uno detecte de forma fácil y sepa cómo pisar el freno para dejar de sentirse así. El caso ficticio que os relataba anteriormente, es algo en realidad muy cotidiano. A nivel laboral las cosas se ponen difíciles y se intenta estirar el chicle mucho más de la cuenta; el cuerpo reacciona y trata de defenderse, pero al final provoca problemas internos que, si no se cogen a tiempo y se les pone cuidado, pueden ser graves a la larga. Y después, como pasaba en la narración, a veces en la vida diaria nos enredamos con cada vez más actividades, que nos gustan y divierten, pero que si se pasan ciertos límites, empiezan a añadir más leña al fuego.
¿Y qué puede hacer Cristo y su Iglesia por gente que se encuentra en esa situación? Obviamente son momentos difíciles en la vida de una persona que pueden llegar a requerir incluso asistencia psicológica.
Pero, antes de llegar a
ese punto, es cierto que intentar dar prioridad a asistir a Misa y tener una oración personal frecuente en la que confiar a Alguien esos problemas, esos agobios, esos temores, y saber que te escucha, que te apoya y te intenta sostener en los peores momentos, es algo que te hace sentir reconfortado y tener una visión distinta ante tal vorágine. Desde luego también ayuda
pisar ese pedal de freno y renunciar a alguna de las actividades para poder disfrutar más el resto; e incluso plantearse un cambio de trabajo si la situación se hace insostenible. Pero mientras la Fe sea la base, siempre habrá una buena raíz que sostenga el árbol de tu vida.