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El helado de pistacho

Josele

LA HUELLA DE ESPAÑA EN EL MUNDO (III)
Colón y el Descubrimiento de América

Carlos

Ahora que llega el verano con sus calores, vamos a tratar de mitigarlos un poco con este refrescante cuento.

Desde la vitrina en la que era expuesto junto a sus hermanos, el helado de pistacho veía pasar a la gente frente al escaparate.
Con hastío, observaba cómo iban entrando los clientes uno a uno, e iban eligiendo al resto de sabores; siempre los mismos. Esta situación lo único que hacía era generar en su interior una mezcla de sentimientos entre envidia, tristeza y, a veces, hasta rabia; rabia hacia sus hermanos por ser elegidos; rabia hacia la gente que jamás miraba en su dirección; rabia hacia el heladero por crearle para tenerle ahí, viendo cómo los demás eran los que la gente se llevaba; y por último, rabia hacia sí mismo, por no ser de otro sabor más atractivo para el público.
Un día, no pudo más con esa situación y, a la hora del cierre, estalló contra el heladero.
- ¡Ya no puedo más! ¿Por qué te molestaste en crearme, si nadie me quiere? ¡Vaya desperdicio de tiempo y de existencia! Y el principal culpable de todo esto eres tú, necio heladero, por crear un helado de un sabor que nadie quiere.
Con paciencia, el artesano dejó que el insatisfecho dulce soltase toda esa rabia que tenía dentro; lo veía tan sulfurado, que temía que en algún momento todo ese ardor le hiciera derretirse y perder su vida. Cuando vio que ya lo había echado todo hacia fuera, fue cuando decidió responderle.
- Has de saber, mi querido amigo, que no todo el mundo es igual -respondió paciente y amable el heladero- Fíjate en la cantidad de gente que entra en la tienda... ¿cogen todos el mismo sabor? Has visto que no es así. Si todo el mundo escogiera al helado de chocolate, no me molestaría en preparar ningún otro sabor; sin embargo, los clientes vienen y piden helado
de fresa, de vainilla, de nata…
- Pero a mí no me eligen - respondió compungido el helado.
- De momento, -respondió con afabilidad el artesano- Pero, créeme, alguien tarde o temprano lo hará. Yo os elaboro a todos con el mismo cariño, mimo y dedicación; en todos vosotros, en ti y tus hermanos, deposito mis esfuerzos y conocimientos; y todos lleváis mi sello, una pequeña parte de mí… ¡Sois mis hijos! Has de tener paciencia; la heladería lleva unos pocos días abierta y aún no ha empezado el calor fuerte del verano. La gente está empezando a conocernos a todos; puedes tener la seguridad de que pronto serás el elegido y, créeme, esa sensación de ser escogido por primera vez, es algo indescriptible, que tus hermanos ya han olvidado. La gente, al principio, va a lo que ya conoce, porque le da miedo arriesgarse; estoy seguro de que cuando te conozcan, no dejarán de pedirte.
- Gracias, papá, -dijo suavemente el helado de pistacho.
- Vamos a dormir, mañana empiezan las vacaciones de verano y nos espera un día bastante animado.

Al día siguiente, justo a la hora de salir del colegio, un
padre con su hija entraron por la puerta de la heladería.
- ¡Quiero ese, papá!
- ¿En serio? ¿Un helado de pistacho? -se sorprendió el padre- No estoy seguro… ¡Los helados son dulces y los pistachos salados!
- ¡Pero sabes que me encantan los pistachos, papá! Prometo comérmelo entero.
- Puedo asegurarle que le va a encantar.
- ¡Bueeeeeeno! -cedió el padre- Pónganos entonces un
helado de pistacho.
- ¡Pero de dos bolas!
- Está bien…
- ¿Quieres que le ponga caramelo, chocolate líquido, fideos de colores…? -terció el heladero.
- No, lo quiero sólo sobre el cucurucho. ¡Esas cosas esconderían su sabor! ¿Y quién querría esconder su sabor favorito?
Tras cobrar al padre y ver a ambos salir por la puerta, el heladero guiñó un ojo hacia el helado de pistacho, pero este no se dio cuenta: estaba extasiado de felicidad por haber sido escogido, y además al natural, tal y como era, sin aditivo alguno.
Y comprobó cuán cargadas de verdad estaban las palabras que su creador le había dicho la noche anterior: era una sensación indescriptible.
El verano empezaba ya y se presentaba bastante prometedor.
(Esta historia tiene una moraleja, pero os la podéis imaginar, ¿verdad?
Lo siento, no puedo ponérosla por razones de espacio, pero os la dejo como deberes para el verano).

INTRODUCCIÓN
En el Capítulo anterior, les dejamos un Cristóbal Colón que, tras ver su proyecto rechazado por el Rey Juan II de Portugal, en 1484, se dirige hacia España.
Hoy nos encontramos con un Colón que es ya un marino experto, tras años de navegación con los avezados portugueses, y que ha madurado suficientemente su proyecto tras leerse toda la literatura disponible sobre la configuración del planeta Tierra. Su proyecto no es otro que llegar a las Indias atravesando el Atlántico.
En aquel momento no existía el Canal de Suez, una inmensa obra artificial inaugurada siglos después, en 1869, con lo que el Mediterráneo era un mar cerrado y sin paso hacia el Océano Indico. La única manera de hacerlo
era bordeando África, y en 1484 los portugueses alcanzan la desembocadura del Río Congo. Les queda mucho aún para, bordeando África, llegar a "las Indias", las deseadas Catay (China) y, sobre todo, Cipango (Japón) que el sabio florentino Toscanelli describía como "riquísima en oro, perlas y piedras preciosas; cubren sus templos y las residencias reales con oro macizo".

¿Pero, por qué había que ir a las Indias? Les cuento. La caída de Constantinopla en 1453, capital de Bizan-cio (actual Estambul), y la invasión turca de los Balcanes, supusie-ron el corte del comercio de especias con el lejano Oriente a través de la llamada "Ruta de la Seda", que usó Marco Polo. La importancia de las especias era muy alta por su incidencia en la conservación de ali-mentos y su condimentación, en las medicinas, en los perfumes…
Además, su comercio era muy lucrativo.

COLÓN EN ESPAÑA
En España, Colón se dirigió al Suroeste, a la provincia de Huelva, que constituye la prolongación del eje Sur de Portugal (Sagres- Lagos). Los marineros onubenses tenían habilidades náuticas similares a las de sus vecinos portugueses.
De Portugal, Colón se trajo a su hijo Diego, de 5 años, fruto de su matrimonio con la dama portuguesa Maria Muñiz, la cual desafortunadamente falleció en 1485. Colón viajó a la ciudad de Huelva donde se encontraba la hermana de su esposa, Violante Muñiz, y su esposo. Les dejó al pequeño Diego mientras él viajaba a presentar su proyecto a la Corte Española. En el camino, la suerte le volvió a sonreír. Hace noche en el Monasterio de la Rábida, muy próximo al puerto de Palos. Y allí encontró al fraile franciscano Antonio Marchena, monje experto en cosmografía y con gran influencia tanto en su orden como en la corte. Marchena se convirtió en el mayor partidario de Colón y su proyecto, y le facilitó su acceso a la Corte.
Pero los Reyes Católicos estaban embarcados en la guerra de Granada y poco pudo hacer Colón para sustraer su atención. Además, el Consejo Real, principal órgano asesor de los Reyes, se mostró contrario al proyecto. Finalmente, Colón consiguió apoyos en los notables que rodeaban a los Reyes, y éstos le recibieron en enero de 1486. Al igual que el Rey portugués, los Reyes Católicos sometieron el proyecto al estudio de una comisión de expertos, que al igual que la comisión portuguesa, encuentran los cálculos de las distancias que estima Colón notablemente errados, por reducidas.
Los Reyes no rechazaron su proyecto, pero tampoco lo arrancaban, y mantuvieron a Colón en espera durante 7 años con un sueldo de la Corona. Colón se desesperaba y envió a su hermano Bartolomé a vender su proyecto a los Reyes de Inglaterra y Francia.
Pero en 1492 hay distintos factores que hicieron que los Reyes cambiaran de opinión. Por un lado, se tomó Granada ese año, tras la rendición de Boabdil, y con ello terminó la Reconquista; por otro, de Portugal llegó la noticia de que un tal Bartolomé Díaz había doblado el Cabo de Buena Esperanza en 1488, con lo que la nación vecina sacaba ventaja en la carrera hacia las Indias.

Quizás también llegara a los Reyes sus intenciones de ofrecer el proyecto a otras monarquías… El caso es que tampoco era muy costoso el proyecto, decían sus consejeros, de tres carabelas con sus tripulaciones. ¿Por qué no intentarlo? Y Colón hablaba con una seguridad tan alta... Así que, a pesar del informe negativo de los expertos, los Reyes dieron finalmente la conformidad al proyecto mediante las "Capitulaciones de Santa Fe".
Las negociaciones fueron difíciles, pues Colón exigía mucho, pero finalmente lo consiguió: Almirante de la Mar Océana, Virrey y Gobernador
de todo lo que descubriere, la décima parte de las ganancias conseguidas, etc.

Sabiéndose ya en la época que la Tierra era redonda, los cálculos de distancia se hacían teniendo en cuenta que la extensión de un grado de longitud en el ecuador era 1/360 del perímetro de la Tierra, por tanto dependía del tamaño de la Tierra. Los cálculos de Colón iban errados (consideraba la Tierra más pequeña de lo real); cifraban la anchura del océano en 1125 leguas, mientras que los expertos portugueses y castellanos lo cifraban en más del doble. Se consideraba entonces que, como máximo, se podía aguantar una navegación de 750 leguas sin pisar tierra. Pero he aquí que, en el comienzo de las Capitulaciones firmadas, aparece un dato llamativo que pongo en negrita: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfación de lo que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora ha de fazer…".
¡Descubierto! Al parecer Colón sabía que a 750 millas se encontraba tierra y que además era Asia. Hay diversas teorías: un piloto náufrago que al poco falleció, unos indios que aparecieron, quizás el mismo genovés ya estuvo… Colón no desveló su fuente, pero algo contó a los Reyes, pues se reflejó en las Capitulaciones.
A pesar de las órdenes de los Reyes, Colón tuvo gran dificultad para poner tres barcos a la mar, con sus tripulaciones, en la zona de Palos. Lo consiguió cuando dos reconocidos capitanes de la zona se sumaron a la empresa: Martín Alonso Pinzón y su hermano Vicente Yáñez Pinzón, quienes arrastraron a la gente y se pusieron al mando de las carabelas "Pinta" y "Niña", respectivamente. Del Mar Cantábrico se incorporó la nao
"Santa María", al mando de Juan de la Cosa. Se calcula un total de 87 tripulantes en la expedición.
Se dirigieron a Canarias y el 6 de Septiembre de 1492 dejaban la isla de la Gomera rumbo Oeste. A partir del 6 de Octubre empiezan a vivirse escenas de tensión al no encontrarse nada tras más de 850 leguas, pero se consigue aquietar a la gente. En la madrugada del 12 de Octubre, el marinero conocido por Rodrigo de Triana grita ¡"Tierra"!, y empieza la epopeya americana, que no vamos a relatar.
Una clave del éxito de Colón fue su conocimiento de las corrientes oceánicas y de los vientos alisios, que permitieron utilizar las mejores y más rápidas rutas de ida y vuelta.
Por último, solo mencionaré que Colón realizó cuatro viajes a América y se murió pensando que había llegado a las Indias (actuales China y Japón), aunque no encontró aquellas riquezas de las que hablaba Marco Polo. Nunca fue consciente de que había descubierto un nuevo continente. El que se dio cuenta fue un tal Américo Vespucio, florentino, cuyo nombre prevaleció, por infortunio de la historia, para denominar al continente América.

(Continuará)