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¿ES POSIBLE EN 2017?

Borromeo

EL EFECTO MIRÓN

Luis Ángel

"Catástrofe en Polonia. Toda la población polaca torna a pasar hambre". ¡¡Madre mía, qué desastre!!, Se me ponen los pelos como escarpias. ¡Pobre gente!. ¿Qué podemos hacer por los polacos?.

Pero, no, querido lector, no es cierto, es mentira, me lo he inventado. Pero de existir esta noticia, enseguida nos preguntaríamos qué podríamos hacer por Polonia, y miles de campañas aparecerían por doquier: trenes cargados de mercancías, miles de paquetes con destino a Varsovia. Estaríamos, sin duda alguna, dispuestos a mostrar nuestra solidaridad y a aflojar nuestro bolsillo.
Pero no es el caso. Los sufridores están dispersos. El grueso de la población pasando hambre se encuentra en países en conflicto: Sudán del Sur, Somalia, Yemen, norte de Nigeria, Siria,…. Y no solo en esos países, también en los abarrotados campos de refugiados de sus países vecinos, donde se han guarnecido los que han podido escapar y donde las organizaciones internacionales (gubernamentales ó no) hacen lo que pueden. Éstos ya no nos duelen tanto; es más, apenas
duelen, …quizá un poquito.
¿Y por qué les cuento todo esto?. Pues porque la ONU, a través de la FAO, o sea la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, alerta de que en 2017 el hambre se ha incrementado en el mundo y ese incremento es de nada menos que de 38 millones de personas más, o sea, la misma población que Polonia, y cercana a los 46 millones de habitantes de España.
Pero si el equivalente a la población de Polonia pasa a incrementar este año la población mundial bajo el hambre, ¿Cuántos hay en esta dramática situación?. Me remito a la información de la ONU (2017): "Tras haber disminuido de forma constante durante más de una década, vuelve a aumentar el hambre en el mundo, que afectó a 815 millones de personas en 2016 según la nueva edición del informe anual de la ONU sobre seguridad alimentaria y nutrición".
Ochocientos quince millones de personas equivale a 17, 17 países con la población de "Catástrofe en Polonia. Toda la población polaca torna a pasar hambre". ¡¡Madre mía, qué desastre!!, Se me ponen los pelos como escarpias. ¡Pobre gente!. ¿Qué podemos hacer por los polacos?. España. Pongamos a 17 países como España uno al lado del otro. Dicho de otra manera: es mucho más que la población de…¡¡ Europa!!. ¿Nos podríamos imaginar a toda la población de Europa pasando hambreó sufriendo de malnutrición?
"En la última década, el número de conflictos ha aumentado de forma dramática y se han vuelto más complejos e irresolubles por su naturaleza", dice la ONU. "Garantizar sociedades pacíficas e inclusivas es condición necesaria para ese objetivo de luchar contra los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición". Acabar con los conflictos es la mejor manera de luchar contra el hambre, de ahí la importancia de las misiones de paz donde participan nuestros soldados.
¿Cómo podemos colaborar?. Busca tu respuesta.

Situamos esta historia en uno de esos largos días de trabajo interminable en la oficina, de esos que sales por la puerta resoplando, con la cabeza hirviendo por dentro y en el que darías lo que fuera por poder apretar un botón y encontrarte al instante siguiente en
el sofá de casa.
Pero no. Queda un largo camino por delante al volante de tu utilitario, confiando en que a estas horas ya no haya embotellamientos de tráfico por el asfalto madrileño que separa la plaza de aparcamiento de tu oficina, de aquella bajo tu portal.
Avanzas unos cuantos kilómetros, y cuando parecía que habías pasado el punto más crítico del camino, empiezas a ver luces rojas delante de ti, coches que empiezan a aminorar la marcha y a poner los 4 intermitentes intentando que nadie les embista con otro vehículo por no poder parar a tiempo. Hundo el pedal del freno hasta que el vehículo se detiene.
A partir de ese momento, arrancadas y frenazos durante cerca de una hora, hasta llegar al punto en el que estaba la raíz del problema. Sí, es lo que estáis pensando, un alcance entre dos vehículos, gracias a Dios sin víctimas, pero que produce un corte en uno de
los carriles de la autopista.
Y ahora viene el meollo de la cuestión. Todos los lectores habréis vivido situaciones parecidas; pero lo que realmente llama la atención de esta historia tan cotidiana, es que el accidente no estaba en el sentido en el que yo circulaba, sino en el sentido contrario de la autopista. En mi sentido no había nada. ¡Nada! Ningún motivo por el que el tráfico debiera detenerse, ningún carril cortado, ningún alcance.

Es lo que se llama el "efecto mirón". Los conductores de un sentido aminoran la marcha si ven un accidente en el sentido contrario, para poder ver al pasar qué es lo que ha pasado; provocando que el atasco sea igual o superior al del sentido realmente afectado por el problema.
En mi hastío provocado por la situación y por las ganas de llegar a casa; se me ocurrió pensar: ¿No es esto lo mismo que nos pasa a veces en otras situaciones de la vida?
Sí, pensadlo. ¿No hay situaciones en la vida en las que, por estar demasiado pendientes de lo que hacen los demás, nos perjudicamos a nosotros mismos? ¿No estamos más pendientes del coche que tiene el vecino en lugar de disfrutar del nuestro?
Planteadlo en todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo en el trabajo. ¿No estamos a veces más pendientes de lo mal que lo hacen los compañeros, del sueldo que cobran, de cómo se escaquean; que de dar el máximo por nuestra parte y tener la conciencia tranquila?
¿Y en la parroquia? ¿No desviamos la mirada hacia lo que hacen otros, hacia cómo organizan sus grupos, o cómo preparan sus actividades, antes de revisar si lo estamos haciendo bien en los nuestros?
Evitemos el efecto mirón, no dejemos que desviar nuestra mirada hacia el carril contrario provoque atascos en nuestra vida, en nuestras actividades, en nuestras ilusiones, en nuestro trabajo, en nuestras rutinas.
¡Ojo! No hablo de recluirnos en nosotros mismos o no estar pendientes de las necesidades de los demás. Hablo de no dejarnos despistar por aquello que no nos aporta más que envidias, morbo o desasosiego.
No tiremos de freno por aquello que no nos aporta más que dificultades para llegar a nuestros objetivos vitales.