Jóvenes........................................................................................................................Abiertos al mundo

CUANDO RECIBES LA LLAMADA DE TU VIDA

R.Colmenero

FACEBOOK EN SU MOMENTO DE LA VERDAD

Enrique Dans
(Revista Autogestión nº 117)

¿Por qué estamos aquí? Quizá te hayas hecho esta pregunta alguna vez en tu vida. Dios nos ha creado, nos ama con locura y nos da una serie de carismas que hacen de cada persona única. Por eso todo tenemos una vocación que forma parte del plan de vida que el Señor ha depositado en nosotros.

Más allá del matrimonio y del orden sacerdotal, la vocación cristiana en la Iglesia posee una rica cultura llena de diferentes sensibilidades. Las diferentes formas de vida consagrada quizá son el primer ejemplo que viene a la mente, pero también los numerosos movimientos que forman parte de nuestra vida cotidiana como católicos. Religiosos y laicos conforman una sola Iglesia, pero en su seno caben múltiples manifestaciones que son el reflejo del amor que el hombre tiene por Dios.
¿Cómo conocer nuestra vocación? El primer paso, y el fundamental, es orar y hablar con Dios. Ser sinceros ante Él y preguntarle ¿Qué quieres de mí Señor? También la oración con la Virgen y San José es esencial y nos aporta la paternal sabiduría de los que fueron Sagrada Familia y seminario de Cristo, Sumo Pontífice. Su consejo y las diversas señales que nos proporcionan son parte de esa respuesta.
Otro diálogo importante es con uno mismo y hacerse preguntas ¿Qué me hace feliz? ¿Cuáles son mis dones? ¿Cómo proyecto mi amor por Dios? son cuestiones que forman parte de ese camino cuya meta es conocer nuestra vocación. El Señor no querrá jamás que tomes una decisión que te haga infeliz o no sea oportuna para ti. Él siempre nos da la libertad para elegir y, sobre todo, para ser partícipes de la Iglesia.
En un proceso de discernimiento vocacional es importante no tener prisa y ser muy paciente. La oración debe ser acompañada con los sabios consejos de un director espiritual. Este tiene que ser una persona con la que poseas total confianza y puedas contarle cualquier cosa que te preocupe. A través de este acompañamiento resolverás las dudas y clarificarás tus inquietudes.
Una vez ya se vea la luz se inicia el tiempo de noviazgo en la vocación matrimonial o el periodo de formación en el seminario y las diferentes formas de vida consagrada. Durante estos años el discernimiento continua, pero se comprueba de una forma práctica si el camino elegido es el nuestro. Nunca se deja de aprender y de descubrir nuevas facetas de nuestras vocaciones.

Testimonio.
Mi discernimiento co-menzó hace 18 años aproximadamente. Fue en ese tiempo cuando apareció en mis oraciones una pregunta ¿Por qué no ser sacerdote? Lo que al principio parecía algo fruto de la admiración que sentía por el minis-terio terminó confor-mándose como algo posible y real.
Para explicar lo que siento siempre he puesto como ejemplo una llama viva e incandescente desde entonces. En mi interior ha sobrevi-vido a periodos de mayor y menor comunión con la Iglesia. También a varios noviazgos que, naturalmente, no culminaron. Esa llama era el plan que Dios tenía para mí y, sobre todo, su voluntad. Él quiere que sea sacerdote.
Siempre he creído que las vocaciones, y en este caso particular el sacerdocio, son unos de los actos de amor más puros. El deseo de entrega total al Señor que me llama y, en consecuencia, el pleno servicio a sus hijos como reflejo de ese enamoramiento. Por eso, carecía de sentido seguir negándome a lo que con el paso del tiempo era cada vez más evidente. Finalmente, llegué a la conclusión de que dar el paso era lo correcto y que rechazarlo sólo iba a convertir mi vida en algo incompleto.
Llegar a este punto ha sido el fruto de muchas oraciones, propias y de todas las personas que han pedido por mí a Dios y a la virgen María. También de horas de conversación con mi director espiritual, nuestro padre Ángel, y a la cantidad de preguntas que le he formulado a él y a Andrés. Sin mi familia y mi parroquia hubiera sido prácticamente imposible hallar la respuesta, pero Dios siempre dispone a las personas adecuadas para llevar a cabo su plan. A ellas toda mi gratitud desde estas líneas.
Durante este tiempo han surgido dudas ¿Realmente he sido llamado? ¿Voy a renunciar a todo? ¿Merece la pena arriesgarse? Todas ellas están siendo despejadas progresivamente. La conclusión es clara: aceptar la llamada no es para nada una renuncia, sino una ganancia máxima que crece cuanto más cerca de Dios me encuentro.
A día de hoy sigo en el camino aprendiendo y descubriendo qué quiere el Señor de mí en cada momento. Ahora comienzo un periodo en el que el Señor a través de su Iglesia dispondrá mi lugar. Siempre con la libertad de aquel que quiere dejarse soportar por las dulces manos de Cristo. Por eso estos años de seminario serán la continuación de ese discernimiento que comenzó con 11 años de edad y que me llevarán a donde Dios quiere que esté. Todo lo que soy es para Él.
A quien lea estas palabras y sienta inquietudes sobre su vocación les invito a que oren muchísimo y se pongan en contacto con un sacerdote de confianza. También ayuda acudir a diversos recursos en línea (siempre con precaución y asegurando que sean fuentes fidedignas). Hay mucho que ganar y nada que perder.

"La victoria de Donald Trump en las últimas elecciones estadou-nidenses está teniendo unas inesperadas consecuencias sobre Facebook, una compañía que se ha convertido, gracias a su ambi-ciosísima estrategia, en el mayor medio de comunicación del mundo, el único que puede presumir de alcanzar a casi 1.800 millones de personas en todo el mundo.

Las primeras respuestas de la compañía ante las acusaciones de haber sido un elemento fundamental en la victoria de Donald Trump no han dejado a nadie satisfecho: escurrir el bulto y decir que en realidad, las noticias falsas son muy pocas e influyen muy poquito es simplemente tratar de negar la mayor, además de cuestionar tu propio negocio. En realidad, la posición de Zuckerberg (creador de Facebook) es tan débil que no convence ni a sus propios empleados, que han llegado incluso a montar una task force (grupo de trabajo temporal) para luchar contra las noticias falsas y sensacionalistas, en contra de la opinión del fundador.
Que Facebook influye en sus usuarios resulta completamente innegable: Lo demostró en 2012 con su polémico e inmoral experimento de modificación del estado de ánimo, y lo saben todos los anunciantes que gastan dinero en su plataforma. Y hasta el propio Donald Trump ha dejado meridianamente claro no solo que Facebook y Twitter fueron elementos funda-mentales que le ayudaron a ganar difundiendo sus mensajes, sino que además, las campañas en Facebook se convirtieron en su principal fuente de financiación directa.
No, Mark Zuckerberg ya no puede seguir jugando al "yo no fuí": si sacas pecho afirmando que has cambiado el mundo por tu papel durante la "primavera árabe", no puedes después dedicarte anegar tu influencia en unas elecciones. Simplemente no es coherente. La gran realidad es que Facebook se ha convertido en una gran maquinaria fundamental en las campañas políticas, un lugar en el que el uso de noticias falsas, tendenciosas y sensacionalistas no solo se ha convertido en habitual, sino que incluso se ve incentivado.
Cortar el acceso a los ingresos publicitarios de aquellas páginas que se dedican a fabricar y circular ese tipo de noticias, siguiendo los pasos de Google, supone un intento de desincentivar este tipo de comportamiento, pero tampoco es una acción inocua: ¿qué es verdad y qué es falso? ¿Quién lo va a decidir? No es lo mismo informar de adelantos de la ciencia, que aún así también pueden comunicarse de manera sensacionalista o tendenciosa, que hacerlo sobre política, ¿no?.
El gran peligro de pedir a las redes sociales y los motores de búsqueda que eliminen las noticias falsas y sensacio-nalistas, es precisamente ese: ¿qué ocurrirá si efectivamente se ponen en esa posición y cuáles serán los criterios para hacerlo?. De hecho, si nos fijamos en el criterio de Snopes (página web conocida como fuente para la validación o invalidación de leyendas urbanas, rumores de internet, hoax, cadenas de mensajes, y otras historias de procedencia incierta en la cultura popular) , sin duda los mayores expertos en noticias falsas de toda la web, el problema no está en las noticias, sino en los medios.

UN NUEVO DERECHO HUMANO

Pedro Pablo

Vivimos en un mundo veloz. Todo lo queremos ya. Es el mundo McDonalds, donde antes de que la pidas ya se está cocinando tu hamburguesa. Y yo, como todos, encantado con la rapidez (y con la piscina de bolas de la que luego hay que arrancar al peque).

Cuando se viaja en un fórmula 1 y se mira por la ventanilla no se distingue bien; solo se aprecia lo más llamativo, y por poco tiempo. Pero aquellos que quieren nuestra atención (publicistas, vendedores, ideólogos, políticos…) tienen la solución: una buena escena. Escenas que nos gustan y se nos quedan grabadas, como ese beso congelado al final de la película, aquella fotografía inaugurando un evento histórico, o incluso la modelo que posa junto al cochazo de un tipo del montón cuya arma secreta es un desodorante. No dejan de ser los vendedores de crecepelo de toda la vida.
Ocurre incluso en las redes sociales, donde lo más publicado son esos pequeños trozos de vida perfecta que ahora podemos capturar gracias al móvil (cámara-monedero-recreativo y hasta teléfono) que llevamos todos en el bolsillo. A eso, y a que no cuesta nada sacar cincuenta fotografías hasta encontrar la toma perfecta, esa en la que nadie cerró los ojos y todos tenían sonrisa de anuncio. Y si con el paso de los años alguno de los de la foto se convierte en un odioso "ex", no pasa nada: un poco de Photoshop y asunto arreglado.
Pero ¿qué pasa con las otras 49 fotografías? ¿No son parte también de nuestra vida? Todas esas fotografías son el síntoma de uno de los mayores males de nuestro tiempo: no perdonar la imperfección. Dedicar toda la energía a buscar una perfección que no es real, que es solo una escena.

Por eso sufren tanto las familias. Las familias son un servicio de 24 horas. 86400 escenas al día. Demasiadas co-mo para dedicarlas todas a conseguir que una o dos salgan bien, para esperar que nadie se mueva ni salga en una mala pose. Pero si eso es lo que espera-mos, si nos hemos creído las historias de los vendedores de crecepelo, no tolera-remos que nos estro-peen nuestra foto perfecta una y otra vez. Bye, bye, familia, que no salís bien en mi foto.
Vaaale, todos sabemos ya que hay que perdonar (¡claro!), pero no estoy hablando de eso. Estoy hablando de algo que va más allá: es reconocer en el otro el derecho a la imperfección, ese derecho que solo puede reconocerte quien te ama de verdad. Mis hijos tienen derecho a portarse mal alguna vez, a suspender, a equivocarse. Mi mujer tiene derecho a estar de mal humor de vez en cuando, a darme cuatro gritos cuando está de los nervios, a estar de los nervios. Porque eso es ser humano, tener imperfecciones. Y amar a alguien es amar a un ser imperfecto. Tener un montón de fotos horribles, pero reales, que llenan de verdad el corazón.
Por eso, ahora que está tan de moda reivindicar derechos, empecemos por conceder al otro el derecho a la imperfección. Porque aunque mi mujer es la leche (¿verdad, cariño?), hasta para ella ser la leche todo el tiempo es demasiado.