EDITORIAL

Libertad para el perdón

Angel

Jesucristo en el barrio

Andrés

Gracias a Dios hay mucha gente
buena que se empeña en perdonar
y en mirar hacia adelante.

Quien perdona se libera y se capacita para dar vida. No pierde el tiempo en lo que envenena el alma. Descansa y vive en positivo.
Perdonar no es fácil en muchas ocasiones. Para perdonar hay que amar. Para perdonar hay que tener experiencia de ser perdonado. Para perdonar hay que creer en un mundo de generosidad y mano tendida. De fe y victoria de la misericordia.
Y, desgraciadamente, hay gente que se encierra en su egoísmo, en su dolor y a veces en su hipocresía. Porque no es incapacidad de perdonar lo que manifiestan; es una decisión de no perdonar y de hacer sufrir por sufrir, y de vivir y hacer vivir en una noche perpetua.
Quien así actúa presiona a quien quiere perdonar. Y no deja a la madre que perdone a su otro hijo. Y deja de hablar al amigo o familiar que habla a su exmujer; o… Y siempre se hace la vida invivible.

Hay que rezar mucho. El mundo nuevo se apoya en la capacidad de misericordia. La herencia de vida se fundamenta en el levantarnos unos a otros y darnos una nueva oportunidad.
La oración y la experiencia de Dios Amor, libera para el perdón. Lo dice San Juan y lo digo nuevamente: quien no ama no perdona.
¡Con lo grande que es amar! Quien no ama no conoce a
Dios.
Una cosa es que cueste y otra que nos cerremos al perdón. Y otra, que manipulemos y presionemos para vivir en el rencor.
Recemos unos por otros para recibir esta gracia liberadora del perdón.

Los cristianos tenemos la misión
de hacer presente a Cristo y su Buena Noticia
en medio del mundo, para nuestros hermanos.
Y para ello debemos ser coherentes en nuestra vida. Debemos vivir lo que decimos.

¿De lo contrario, caeríamos en las incoherencias de las cuales tanto criticamos y más estos días.

Cuando alguien se presenta a sí mismo y a los suyos y su manera de hacer como modélicos, y los únicos que pueden servir a la sociedad, debe ser coherente en los hechos. Los cristianos tenemos que responder con los hechos, con nuestro modo de vivir, si queremos que el mensaje de Jesucristo llegue a formar parte de la vida y ser el impulso vital de las personas que viven en nuestro barrio.
Con las dificultades que podemos tener y siendo conscientes de nuestra fragilidad y de nuestros fallos, -por lo cual necesitamos fortalecernos en el encuentro, en la celebración de la Fe, en los Sacramentos-, tenemos que ser consecuentes y vivir como pensamos y creemos la vida de cada día.
La coherencia que vivamos podrá hacer más cercano y auténtico el mensaje que deseamos llegue a todos, para que todos puedan alegrarse de conocer a Cristo y vivir plenamente.