EDITORIAL

¡CUÁNTO DESASTRE!

Angel

OCTUBRE MISIONERO

Andrés

Somos testigos con demasiada frecuencia del desastre y la desolación que dejan los terremotos, tsunamis, huracanes, riadas... A todo ser humano se nos encoge el corazón ante estos sucesos.
Personas desamparadas, pueblos destruidos, peligros de enfermedades, muerte y caos por todas partes…

Como cristianos, estamos llamados a vivir estos desastres naturales desde la fe. Toda nuestra vida tiene que estar alumbrada por la fe.
Lo primero de todo es no huir de la pregunta que tanta gente se hace desde su gran corazón y su horror ante tanto sufrimiento: ¿por qué Dios permite esto? Si Dios todo lo puede, ¿por qué no evita esto? La respuesta está en Belén y en la Cruz. Hemos de mirar a Jesús, Dios Hijo, que nos da a conocer el verdadero rostro de Dios. Es el Dios que nos ha creado a su imagen: libres, comunitarios y con sed de eternidad. Un Dios que garantiza y respeta hasta las últimas consecuencias la libertad del hombre y el curso de las leyes de la naturaleza. Es un Dios que no actúa como un gobernante todopoderoso que manda a sus ejércitos a parar las fuerzas del mal sea del tipo que sea. Muchas veces nos gustaría que actuara así: que frenara todo aquello que provoca sufrimiento tanto físico como del alma. Esa es la idea que nosotros tenemos de cómo debe ser Dios… pero Dios no es así. Nuestro Dios camina con nosotros.

Propongo que nos situemos desde esta perspectiva de Dios ante las catástrofes naturales y ante cualquier forma en la que el dolor y la muerte se hagan presentes. De primeras, seamos hombres y no tengamos miedo a reconocer nuestros sentimientos. No tengamos miedo a llorar; a sentir impotencia y rabia; a no entender nada… pero no nos dejemos arrastrar por estos sentimientos. Como Jesús, hacemos nuestro el dolor de los hermanos y sufrimos con ellos. Lloramos su llanto. Esto nos hace sentirnos más hermanos. Desde la confianza en la fuerza de la oración, recemos por ellos. Con la oración les damos un apoyo directo y logramos mayor unión con todos.
Además de la oración, es fundamental también nuestra presencia física. Jesús se hace carne y está a nuestro lado. La fe nos llama también a estar físicamente a su lado. Hacernos voluntarios o favorecer el voluntariado de otros nos convierte en "benditos del Padre" que van
a servir al mismo Cristo que se identifica con cada una de las víctimas.
Desde la fe, se hace también necesaria la ayuda económica para paliar las consecuencias materiales del
desastre concreto y levantar la zona devastada.

La fe nos llama además, a responsabilizarnos en el cuidado y la prevención que pueden minorar las consecuencias de dichos fenómenos. No podemos construir casas en los cauces secos de ríos, ni pueblos en laderas inconsistentes… Estudiar para prevenir y no hacer imprudencias es exigencia de la fe.
Asimismo, la fe nos llama a implicarnos en política y asociaciones.
Hemos de responsabilizarnos en la elaboración de leyes que ayuden a conseguir para todos, unas condiciones de vida dignas y seguras en todos los rincones de la tierra.
Desde la fe se nos pide encarecidamente que, cuando ya no sale en las noticias, no nos olvidemos de que mucha gente sigue sufriendo, rehaciendo su vida y echando de menos a sus muertos. Seguir interesándonos por ellos, seguir rezando y seguir actuando para que nuestros hermanos nos sigan sintiendo a su lado. Dios no les deja de su mano y nosotros tampoco. Este es nuestro Dios: el Dios fiel, el Dios con nosotros. Desde Él afrontamos con profunda humanidad e inquebrantable esperanza lo que la vida nos traiga.

El mes de Octubre, que para la gente de Torrejón comienza con la Fiesta de la Virgen del Rosario, es para nuestra parroquia tiempo de pedir a María que nos acompañe siempre en nuestra vida cristiana y que nos sintamos y vivamos como familia de Hijos de Dios, hermanos acompañados de la Madre.
Lo hacemos sabiendo que el grupo que ayuda a rezar el Rosario nos acompaña con su oración. Aprovechemos la presencia de este grupo para rezarlo unidos en la parroquia (media hora antes de las misas) y de todos modos unámonos en la oración.

Podemos unir esta oración del Rosario a la intención de la Iglesia Universal que celebra el DOMUND, Jornada Mundial de las Misiones, el domingo 22.
Por María nos llegó el Evangelio, la Buena Noticia, la Palabra de Dios: Jesucristo.
En este domingo 22, se concentra y visibiliza esta intención misionera; pero OCTUBRE MISIONERO la Iglesia nos pide estar todo el mes de Octubre atentos a la realidad y acción misionera: informándonos, orando, haciendo conscientes a nuestras comunidades del sentido misionero de la fe, que ha de comunicarse, vivirse y celebrarse como Iglesia, sacramento de Cristo para el mundo en todos los lugares.
Y teniendo ese sentido universal compartamos todos, cada cual con sus riquezas; ciertamente nuestras comunidades pueden compartir medios económicos con aquellas que están en lugares especialmente castigados por las catástrofes, o son perseguidas, o la Iglesia aún no tiene suficiente implantación; y ojalá también compartamos misioneros (recordemos que la iglesia española ha enviado muchos misioneros: sacerdotes, religiosas y laicos, pero últimamente salen muchos menos).

Y las iglesias más jóvenes compartan su ilusión y entusiasmo en el camino de la fe, y también las personas que vienen a continuar su formación y, a la vez, se ponen al servicio de la pastoral.
Como dice el lema de este año: "Seamos valientes, la misión nos espera". Vivamos auténticamente el compromiso de ser discípulosmisioneros en todos los lugares, y si somos llamados para mayor entrega, escuchemos y pidamos el apoyo de la comunidad.
Valentía para vencer tantas cosas que nos atan, para salir de nosotros mismos y vivir para los demás.
Respondamos a la petición de oración por los misioneros y la colaboración económica que tantas iglesias necesitan para realizar su misión de anunciar el Evangelio, de anunciar a Jesús.