EDITORIAL

CÓMO UNIR LA FAMILIA

Angel

Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Angel

Sa Navidad es una fiesta que, aunque mal hecho, se identifica con la familia. Digo mal hecho porque en el momento en el que falta la familia, ya no queremos la Navidad. En lugar de fiesta de nacimiento se convierte en tiempo de nostalgia.

Mal vivida también, la Navidad puedeconvertirse en un tedioso tiempo de forzar cenas y encuentros familiares que muchas veces se ridiculizan en conversaciones o que suponen sobreesfuerzos de trabajos y que no se terminan disfrutando. Gastos, discusiones, cuadrante para ver dónde y con quién me toca cenar…
¿Cómo unir la familia?
Fundamentalmente convirtiendo la Navidad y la vida en su conjunto en un momento de presencia de Dios. Cuidar la fe en la casa permite que el clima familiar se caldee y cambie. Un amigo mío siempre me recuerda una frase que sin ser suya la ha hecho suya: "La familia que reza junta, permanece unida".
Si una familia reza junta, se quiere más. Se perdonan. Comparten temas a otro nivel. Se abren a los problemas de otros. Viven la alabanza y pasan tiempo de calidad juntos. La oración, es ocasión para organizar horarios que coincidan, plantear temas que nos preocupan, sentir que en todo momento nos arropamos unos a otros y en la soledad de la lucha diaria no estamos solos… Una oración sincera en familia fortalece los lazos del verdadero Amor.

Hay quien dice que no vale para nada. Pero no sé si las familias distanciadas han probado alguna vez a rezar juntos. Rechazamos sin haber experimentado. A veces nos da vergüenza rezar. Podría darnos más vergüenza insultarnos y faltarnos al respeto en la familia (y fuera). Pero eso lo hacemos con mucha facilidad. Montamos la de San Quintín en cualquier lado. Voces, desprecios, malas contestaciones… Eso no nos da vergüenza. Pero rezar sí. ¡Atrévete a rezar con los tuyos! Sólo se necesita un valiente que no renuncie a nada por unir verdaderamente la familia.
No te digo que el primer día empieces con una oración muy elaborada. Basta con decir que vas a bendecir la mesa. E improvisas una oración en la que bendices y das gracias. En la que te alegras por estar todos juntos. En la que dices no horteradas, sino cosas que salen del corazón y que normalmente no se dicen. Y todo envuelto en los brazos de Dios. Seguro que algo así mejora las cenas de Navidad y aún faltando muchos y con menos langostinos el encuentro es mucho más navideño. ¡No te quedes sin probarlo! Luego pueden venir más pasos. Verás cómo funciona y tus hijos no sólo te quieren más, sino que se quieren más ente ellos y los verás más hermanos y más unidos.

Tenemos otra oportuni-dad preciosa para rezar juntos en este tiempo de
adviento. En la web de la parroquia tenemos publicadas las novenas del Niño Jesús. Son oraciones pensadas para hacerlas en casa alrededor del Belén. Puedes juntarte cada día con los tuyos a partir de las 8 o las 9 de la noche. Rezar y luego cenar algo
sencillo todos juntos. Verás cómo os une. También podéis invitar a algún vecino y a algunos amigos. Podéis cambiar de casas y hacerlo cada día en una. Que vayan todos. Grandes, medianos y pequeños. Hacedlo y luego nos contáis.
La web parroquial es www.parroquiarosariotorrejon.es Si tenéis dificultad para orientar la oración, pasad antes por la parroquia y os damos las indicaciones oportunas. ¡Ah!! Haced una hoja con villancicos que luego sólo nos los sabemos a medias. Que el Señor os bendiga.

Leyendo el Evangelio el otro día, me impactó nuevamente esa frase tan conocida de Jesús: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Lo del César, si bien merece darlo alguna vuelta, me quedaba claro. Pero lo de dar a Dios lo que es de Dios…

¿Qué es de Dios? Me puse a meditarlo y descubrí que estos tiempos preciosos de Adviento y Navidad en los que nos adentramos, nos dan la respuesta. El mismo Dios viene a nosotros para decirnos que estamos llamados a vivir en su Casa para siempre. Viene a darnos a conocer la dignidad de ser Hijos de Dios. Somos Sus hijos. Somos suyos. Y si somos suyos… pues a Dios lo que es de Dios. Se abren unos caminos preciosos de generosidad y entrega.
Esa realidad de ser hijos y suyos, nos hace tomar conciencia de nuestra dignidad y del valor que tenemos. Esta realidad tan inmensa nos hace tener una actitud de gratitud ante la vida. Y esto lo cambia todo. Podemos sentirnos débiles, pecadores… pero somos hijos. Y eso no nos lo quita nadie, ni nosotros mismos. La realidad de ser hijos, el agradecimiento de pertenecer a Dios, nos lleva a dar los siguientes pasos:
El primero es convertir el corazón. Pedir perdón y querer vivir como hijo. También nosotros, como la moneda del César estamos sellados por el
bautismo. El rostro de Dios, su Amor está grabado en cada uno de nuestros corazones. Somos moneda divina, auténtica y de curso legal. Tenemos una primera tarea de quitar los óxidos o los "sobre sellos" que nos pueden despistar del verdadero destino que tenemos. Sobre los lodos que el peregrinar puede posar en nuestras vidas, se pueden incrustar otros sellos que nos cambian la dirección y que nos envían a un destino que no nos pertenece. Conocer el Amor de Dios nos lleva a buscarlo en nuestros corazones arraigado y hecho uno con nosotros. Esa tarea de desincrustar falsos sellos que nos llevan a caminos que nos desorientan del que es verdadero y único Camino es esencial. Puedo planteármelo para este adviento. ¿Qué tengo que quitar? ¿Dónde está en mí el Amor de Dios? Oración, escucha de la palabra, acompañamiento espiritual, confianza en Dios, misericordia con los hermanos, sacramento del perdón, búsqueda de la Gracia… son lejía de lavandero que purifica y hace brillar lo que realmente somos.

El siguiente paso es ayudar a los hermanos a que descubran que ellos también pertenecen a Dios y son para Dios. La mejor manera de hacérselo descubrir es tratarlos con respeto sagrado. Y pedir perdón con humildad y dolor si no lo hacemos así. Es tener con ellos misericordia y ejercer también el perdón delicado y recuperador del Señor. Es rezar por ellos y tratar de bendecirlos siempre, se lo merezcan o no. Son Hijos, somos hermanos. Somos de Dios. Es explicitarles con palabras y hechos todo el Amor que Dios nos tiene. Paciencia, no llevar cuentas del mal, gozarse con su alegría, acompañar en su dolor, celebrar juntos… El ejercicio práctico del Amor de Dios hace presente en tiempo real dicho Amor Salvador.
¡Menudo subidón! ¡Y qué cambio de perspectiva!!!!! Todos esforzándonos en darnos a Dios. Tú, y yo, y tu padre y tu cuñado y tu suegra, y… somos de Dios. El mundo cambia. Pero estamos en proceso. Os propongo que en este adviento "ACOJAMOS AL QUE VIENE" para que nuestro corazón se llene de Él y podamos llevar por su Gracia toda nuestra vida, y la de nuestros hermanos, hacia Él. Así la Navidad será Navidad: alegría y luz. Sentido a la vida. Y no sólo unos días. Sin caer en el tópico: todo el año, siempre. Porque "El Que se nos da", el Dios con nosotros, nos hace descubrir que somos nosotros los llamados a darnos y a estar con Él. Acabo con la frase de San Agustín: Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón no descansará hasta que llegue a Ti.
Feliz Adviento. Feliz Navidad.